Extracto novela

Publicado en por el príncipe de las mareas

Una vez finalizado el recorrido previsto por todos y cada uno de los participantes en semejante aquelarre de gritos, mugidos, cornadas, y resguardos tras las frágiles vallas; entran en tromba en la plaza del Coso, que así se denomina a la típica y pintoresca plaza que ha sido aderezada con unas barreras, para el desenlace de esta tragicomedia taurina. Los balcones se transforman en graderío popular, y las autoridades locales se asientan en el consistorio, que no ayuntamiento. Las piruetas cretenses, los recortes con más o menos acierto y las cogidas a los desprevenidos, se suceden en alocada secuencia dentro de los límites establecidos por unos troncos, que a modo de fortaleza inexpugnable han sido colocados por los empleados municipales. Cuando el personal lleva un tiempo indeterminado bregando con el novillo, las mentes recurrentes optan por soltar otro entre la barrera del coso taurino y la empalizada protectora, por lo que la función que debe realizar queda con las vergüenzas al aire y las partes pudendas del despistado o, no avezado en estas costumbres castellanas, quedan a merced de los apéndices de los encerrados. En un espacio adosado y reservado, se instala un hospital de campaña - no es una cruzada contra el hereje, pero las victimas suelen producirse en grandes cantidades-. El hospital no deja de ser una sala de primeros auxilios con un par de médicos, y algún enfermero adoctrinado en eso de pespuntear algún roto en las carnes maltrechas y rebozadas en el albero de la plaza, lugar de ajusticiamientos incruentos y temores contenidos.

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