Felices Fiestas

Publicado por el príncipe de las mareas

La Navidad o Natividad como realmente se debe decir, no es más que la conmemoración del nacimiento de aquel, al que atribuyen dotes mágicas, hechos paranormales en las mentes atrasadas de una antigüedad que data de dos milenios.

La Navidad suele representar una parodia de actos estudiados, una relación de buenas intenciones que nunca se llevan a cabo, pero que prosperan en los corazones de todo aquel, que realmente cree posible mejorar como persona.

    Para mi la Navidad ha dejado atrás un capítulo familiar inconcluso, una parte íntima de un relato al que no tuve más remedio que renunciar. No por ello voy a disipar los vahos oníricos de una realidad constatada en un papel de celofán o una cartulina ocupada por un orondo vestido de rojo, unas imágenes maternales o tal vez unos querubines gordezuelos con sus saetas prestas. La Navidad supone conmemorar el nacimiento del que nos traerá la paz olvidada, la amistad nunca demostrada o acaso, esos propósitos de enmienda para el irredento. De todos modos, sea como fuere, estos días de recato desenfrenado, de bulimias, conatos de cirrosis o ataques de gota, se verán recompensados con la llegada del Año Nuevo, ese que nos deparará más de lo mismo, pero que al menos nos parecerá que mientras transcurren sus primeros días, no dejará de ser el que llevamos añorando todos los que hemos sumado desde que la más tierna infancia se esfumó aferrada a los visillos de unos años cumplidos.

    Es de rigor, de obligado cumplimiento felicitar al vecino, al desconocido, incluso a ese que tan mal nos cae. No se trata de un ejercicio de hipocresía, más bien la continuación de un ritual atávico y a veces esperpéntico que nos ha sido impuesto por aquellos que nos precedieron en esto de celebrar la Navidad.

    No voy a ser menos, y aunque parezca un ensayo de sarcasmo dolorido, voy a felicitar la Navidad a todos aquellos que lean mi escritos. Lo haré porque lo considero oportuno, tal vez necesario y en lo más profundo de mi ser, por que si no soy capaz de desear que los destinatarios de estas líneas sean felices al menos un par de semanas, las que van desde el citado Nacimiento hasta la vuelta a la cotidianeidad allá por el siete u ocho de Enero, no sería cristiano de pensamiento, y resultaría grotesco pedir por aquellos, por vosotros, si no fuera capaz de sentir que esto que escribo es un deseo puro de que vuestras vidas, si no mejoran con la llegada del nuevo año, al menos continúen por la senda de la salud y el bienestar.

              

FELIZ NAVIDAD

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