Las modas son pasajeras

Publicado en por el príncipe de las mareas

Las modas son como las mujeres que viajan en un tren: pasajeras. Van y vienen sin dejar el menor rastro por el que volver a retomar el camino dejado atrás. Los pantalones tan sufridos ellos, son prueba de ello. Así, se arrastran con la cintura a la altura de las rodillas, como a ésta se la coloca a la altura de las axilas. Se pegan a la epidermis como una segunda piel, o se les hace volar los bajos en unas hechuras paquidérmicas. Con los conceptos ocurre algo parecido. Si queremos denominar a la nación donde residimos, unos lo harán poniendo énfasis en la “ñ” tan castiza y tan nuestra: España. Otros por el contrario, obviaran el vocablo y dirán país, o el estado. Le llamen como le llamen, no deja de ser la patria, el clan, la familia extendida a todos aquellos que sin ser consanguíneos, comparten costumbres, lengua y territorio. La patria, la nación o el estado soberano, suele representarse con una suerte de simbología tal como escudos, banderas, himnos y otros de menor enjundia como costumbres populares, rituales atávicos o recién adquiridos.

Las modas en otras naciones con menos complejos y mucho más sentadas en la idea de una sola entidad política y jurídica como Francia, los Estados Unidos de América o el propio Japón, no se paran en mientes si está bien visto o es políticamente correcto ondear la bandera, llevarse la mano al corazón cuando suena su himno nacional o gritar a los cuatro vientos su idea de nación. Aquí, los complejos se han arraigado tanto, que a muchos les da vergüenza decir España o incluso la niegan como si se pudiera renegar de la realidad de cada uno.

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