ZParis
ZParis se encaprichó de su Eva travestida del Altiplano, y buscó la complicidad del Hugonote bolivariano para juntos birlarle la novia al Menelao de Raúl, hemanísimo del decrépito Agamenón castrista.
El pura sangre de cartón piedra construido con las cartillas del paro de cinco millones de voluntarios, fue introducido de noche y a escondidas, algo parecido a las homólogas retiradas de las plazas españolas, pero con jinete que las espolee contra el enemigo a batir tras haber sido derrotado por la cortina de años cumplidos, que no en justa lid de coraje asomado. Y se despertaron los habitantes de Iliónspania, y contemplaron atónitos como semejante vestigio de grandeza olvidada tres siglos atrás, se levantaba majestuoso ante ellos. Alcahuetes que hemos sido desde antes de que Fernando de Rojas nos lo recordara, nos dispusimos a cargar con el envío cuyo remite procedía, no podía ser de otro, de un tal Obama, Barak para los amigos. Y se introdujo en la ciudad, y se le contempló con embeleso y sorpresa mal entendidas, y así nos dieron las diez, y las once y Sabina y la SGAE nos cogieron desprevenidos cuando el amanecer nos desayunó con el apresamiento de un atunero en aguas del Indico, con el cierre de nuevas empresas, con el desembarco de cinco pateras que se sumarían a las veinte de meses anteriores, y que aunando las unas con las otras, y las que habían arribado a las costas andaluzas que cual brújula obcecada indicara Almería, sumaban ya cien.
Y se autorizó el aborto infantil, y las fértiles dejaron de parir por miedo a perder su puesto de trabajo, y esos vacíos demográficos fueron suplidos por colonizadores allende de las columnas de Hércules, que portadoras de vientres fecundos desparramaron su génesis por las tierras holladas por Rodrigo y antes Recaredo, y cruzaron el Guadalete y la Marca hispánica y alcanzaron Vallecas y el Ensanche y se hicieron fuertes.
ZParis abatido por Aquiles VI de Marruecos, cayó a los pies de su padre Príamo encarnado en su Ministro de Exteriores, que contempla con horror como se desvanecen sus esperanzas de salir con derecho a una pensión vitalicia por los servicios prestados. Su hermano Héctor trata de alcanzar la frontera de la Galia como hicieran sus antepasados republicanos en busca de un embarque con destino a la Anatolia donde fundar una nueva tierra –leer la Eneida de Virgilio- en la que criar faisanes que cuales cuervos confabulados, nos sacarán los ojos.
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