falacias en nombre de dios
No sé por qué me parece un tanto insolente o quizá, reduccionista, eso de culpar a la religión de los males de la humanidad. La religión parece ser la mano que guía los destinos de los que obran contra la sociedad, de los que inspirados en la lectura del Corán o de la Biblia en su momento, abrieron la caja de Pandora y desataron el apocalipsis.
Honestamente creo que el adoctrinamiento tiene su eficacia cuando se realiza con niños de corta edad, o personas tan faltas de cordura, como para creerse las fábulas que cada cual les quiera contar. Recuerdo al expresidente Aznar diciendo que le miráramos a la cara y le creyéramos cuando afirmaba que había armas de destrucción masiva en Irak, o a la ex vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega cuando les inculcaba a los pequeños en un aula lectiva, las bondades de la izquierda, al tiempo que fomentaba la inquina a la derecha. Pasajes de personajes que han dejado su impronta en la memoria de algunos para bien o para mal, pero que en nada podían ser tenidos en cuenta cuando afirmaban lo que nos querían vender.
Hoy se culpa a Rouco de instigar al gobierno en su reforma de la educación. Tal vez haya mucha verdad en esa sospecha, pero no por ello la religión puede interpretarse como artífice de sus dictados. El musulmán que asesina en nombre de Alá miente, la Inquisición mentía, y mienten todos aquellos que usan y abusan de la ignorancia de los que no han sido capaces de discernir la realidad de los sueños. No fue la religión la que gobernó durante el franquismo, no fue la religión la que derribó las Torres gemelas de Nueva York o masacró en Madrid a más de 200 personas ¿Acaso es la religión la que guía los pasos del catalanismo más aforado? ¿Se podría culpar a la religión de los mil muertos por ETA?
Desde que el mundo es mundo, unos han querido prevalecer sobre otros, otros han pretendido dominar al resto y siempre ha habido y habrá un deseo tan irresistible de imposición, que usarán de cualquier treta para llevar a cabo ese propósito. Usaran herramientas de todo tipo, desde la nostalgia, la miseria, el descontento, la envidia, la soberbia, el hambre o hasta los rudimentos más básicos del amor, pero siempre será una artimaña, un juego sin reglas definidas aunque bien conocidas. No, no creo que la religión en sí, como argumento literario, espiritual o empírico, tenga nada que ver con la condición humana, solo es y será por mucho tiempo, un invento para alcanzar el dominio sobre los pobres de espíritu.
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