Que huyan ellos
Este país está necesitando de una catarsis absoluta, ya se está demorando en exceso la vacuna que inocule el virus de la decencia en la clase política. En principio me refiero a toda la caterva que medra sobre lo público, pero haré mención especial a los señores iletrados de la rama izquierdosa, ya que parecen ser los más adelantados en eso de corromper todo lo que tocan.
Estos defensores de la clase obrera, estos paladines de la igualdad, estos diques de contención ante la soberbia casposa de la derecha fagocitadora de derechos, se han encumbrado y ya va siendo hora de bajarlos del macho, o nos bajan a todos a los infiernos.
Siempre se han postulado como los únicos valedores de las clases más desfavorecidas, pero lo que parece que olvidan es que esta parte de la sociedad española aumenta y se extiende como una mancha de petróleo cada vez que ellos gobiernan. Llegan investidos de su aura de favorecedores, es como si al estar hechos de la misma pasta, el pueblo llano, nos quieran vender que son más sensibles a los problemas sociales que nos acucian cada día. Para ello se erigen no ya en administradores, en gestores de lo público, lo hacen con una idea seudopaternalista más próximo al totalitarismo de Mao y su banda de los cuatro (excluyendo a Sonsoles) que a la realidad de un buen padre de familia como siempre argumenta el código civil. Al principio se agazapan en la felonía de la simpleza, es como si ellos no hubieran roto un plato y la derecha llevara años destrozando vajillas enteras. Poco a poco van situándose en lugares estratégicos, defenestrando todo lo que no sea afín a la causa. Una vez copados estos puestos, se dedican a infestar todo lo que pueda quedar de sociedad civil (si es que alguna vez la hubo en España) y así una vez tejida la mortaja, no dejar un resquicio a la libertad.
Puedo parecer catastrofista, pero mi experiencia primero con González, y luego con este bobalicón de malas intenciones, me ha demostrado que sus maneras pueden diferir, pero el objetivo siempre es el mismo, aleccionar para convertir al pueblo en una manada de autómatas que solo vean la realidad que a ellos les interesa. La derecha es cobarde, temerosa de su pasado y absurdamente rehén de sus creencias, se ve envuelta en un síndrome de Estocolmo donde sus captores (en este caso los socialistas) les han sorbido el seso y no son capaces de dar un paso sin mirar atrás esperando ver la sombra alargada de algún correligionario de Pablo iglesias. La dictadura fue una dictadura, no un gobierno de derechas, y eso parece que a unos les cuesta entender y a los otros -a esos de Amenabar que en lugar de estar muertos nos quieren así a los demás- les viene de perlas para mantenerlos atados a su error histórico.
Lo que más me cuesta comprender es como unos funcionarios que deben velar por el cumplimiento de las leyes, de respaldar al Estado de Derecho y protegerlos frente a las intentonas golpistas de esos que se denominan representantes de la soberanía nacional (véase políticos), se acomoden en sus puestos y resuelvan ser cómplices de sus abyectas intenciones. Me refiero a la Policía nacional en caso como el 11-M o el faisán; me refiero a la Guardia civil en el caso de Marta Domínguez o al CNI en el caso Blanco y su farmacéutico Dorribo. Me resulta del todo repugnante que estos funcionarios se avengan a los requerimientos de esta calaña bastarda, espuria donde las haya, como es la clase política española.
Esta gente ha defenestrado a Montesquieu y su división de poderes, a Descartes en su renuncia al entendimiento de su propia persona, a Platón y a todos aquellos que en su momento proclamaron la libertad individual y la solidaridad colectiva. Al final nos ocurrirá lo mismo que a Sócrates, que en su idea de que una sociedad justa no puede cometer atropellos, se vio condenado y ejecutado por no hacer caso a las voces que le gritaban que se quitara la venda de los ojos y huyera. No debemos huir, que huyan ellos, debemos despertar como decía Jarcha y descubrir que somos libres de cadenas, debemos enfrentarlos porque parodiando a Loquillo, son pocos y cobardes. La sociedad Civil debe crearse y al igual que en otras naciones de nuestro entorno, defender la libertad antes de que nos la roben sin el mínimo atisbo de pudor.
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