Parece que se materializa el rescate bancario, que como dice el eslogan,
Parece que se materializa el rescate bancario, que como dice el eslogan, Hacienda somos todos. Se perpetra de día con luz y supongo que aferrados a esos móviles de última generación que terminarán por desterrar a los taquígrafos de toda la vida.
Soy aficionado a los símiles para ilustrar mis pensamientos, así que vamos con uno de ellos para tratar de explicar esta situación. Supongamos que en el inmueble donde reside, una tienda de ultramarinos ocupa uno de los locales comerciales que conforman esa comunidad de propietarios. Dicha tienda es regentada por un señor que no vive en el inmueble, y además tiene contratados a un antiguo vocal de la comunidad, otro de la actual Junta de gobierno y un tercero que asesora al administrador de la misma. Durante años, estos señores se han dedicado a expoliar el negocio, se han asociado con el dueño y entre todos han abocado la tienda a un concurso de acreedores. Se reúne la Junta de propietarios con la asistencia mínima para que haya quorum suficiente y se aprueba que las deudas millonarias de la tienda deban ser sufragadas por los vecinos. Como es un asunto de carácter extraordinario, no se aplicarán los índices correspondientes a las cuotas de cada vivienda, sino que cada vecino aportará la misma cantidad que se deduzca de la prorrata correspondiente.
Las consecuencias derivadas de esta derrama especial, son las siguientes: la rampa de acceso al edificio prevista por la escasa movilidad del vecino de cuarto queda en suspenso hasta que haya fondos, la cuota de la comunidad se incrementa en un 30% el primer año y un 50% el segundo y así sucesivamente durante los cinco próximos previstos que dure el pago de la deuda contraída y aprobada en Junta de propietarios, si bien con el voto en contra de un porcentaje alto, pero no lo suficiente como paralizar dicho acuerdo. La limpieza de las escaleras correrá a cargo de los vecinos, ya que la limpiadora será despedida, junto con el encargado del mantenimiento por falta de presupuesto.
Al cabo de un tiempo, la morosidad alcanza cotas insoportables para la Comunidad, por lo que varios vecinos son demandados, si bien el gasto se ha incrementado notablemente y resulta oneroso en extremo demandar para poder recaudar las deudas pendientes. La vecina del sexto A ha sido despedida de su trabajo como limpiadora de la tienda concursada, por lo que no puede afrontar los gastos de comunidad y el juzgado le embarga la vivienda. El administrador eleva sus honorarios debido a la carga extra de trabajo que debe soportar, lo que encarece aún más los recibos de comunidad.
Ante esta situación un nutrido grupo de propietarios decide convocar una reunión extraordinaria a la que asiste casi la totalidad de los mismos. En el orden del día figura un solo punto: “Que hacer para afrontar esta situación”. Tras largas horas de debate en el que todos y cada uno ha ido tomando la palabra, se llega al turno de ruegos y preguntas. Apenas si hay necesidad de aprobar por unanimidad el acuerdo alcanzado: “La tienda que cierre o se traspase, y el dueño y sus empleados serán denunciados ante el juzgado de instrucción de la localidad por un delito de alzamiento de bienes”. Se aprueba por mayoría, que mientras duren las diligencias judiciales, se paraliza el pago de la deuda, así como las demandas por morosidad.
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