Accidente mental
Que entre los pasajeros del vuelo de la compañía Germanwings hubiera uno al que le faltaban tres asignaturas para acabar sus estudios de Derecho, que otro llevara tres años casado, o que varios fueran rubios de ojos azules, resulta irrelevante. Que el avión se estrellara al descender bruscamente, el piloto hubiera salido a mear, la azafata hubiera discutido con su cuñada dos días antes de embarcarse o que la caja negra despintara, solo son noticias de una tonalidad amarillenta rayana con la necesidad de rellenar unos minutos rosas en un día negro.
Han fallecido 150 personas y cuatro perros. El copiloto es el responsable directo del suceso por haber decidido suicidarse en compañía. El muy cobarde pudo haberlo hecho solo arrojándose sin paracaídas sobre el Mont Blanc o sobre la costa Brava. No lo hizo así, prefirió llevarse por delante a rodo el pasaje. Las noticias de sus problemas mentales, de sus desavenencias con la estabilidad emocional que debe primar a la hora de tomar decisiones de relevancia, no lo liberan de su acción, un asesinato múltiple. Asesinato sí, porque cuando menos se ha dado alevosía al asegurarse de la imposible defensa de todos y cada uno de los fallecidos.
Habrá quien justifique tan desalmada conducta aduciendo a sus problemas psicológicos, pero no deja de ser tan despreciable este hombre, como todo aquel que permita a su conciencia albergar el menor atisbo de comprensión ante tan deleznable acto.
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