Estamos perdidos
La desorientación trae el desorden, y éste la anarquía. No, no pretendo emular a Yoda, el verde Jedi de la saga de Lucas, solo reflejar la que se nos viene encima si no nos acompaña la suerte. Siempre he creído que la suerte no es solo azar, también hay que buscarla entre las variantes que se perfilan ante nuestros ojos. Nos encontramos perdidos en un marasmo institucional que no ha surgido cual seta otoñal por espontaneidad, más bien estamos cosechando lo que venimos sembrando desde que nos dotamos de un panfleto que no hemos sabido respetar. Dicen que las leyes están para cumplirlas, lo que no nos dicen es que los que las promulgan son los primeros que se la saltan como lo haría “El cordobés” en su famoso salto de la rana, o el de la Reja que cualquier almonteño devoto práctica cada lunes de Pentecostés. Que por cierto, ni eso se respeta, que dice la tradición y la canción, que se debe esperar al alba.
Ante el deasaguisado de los partidos políticos, surge una batiburrillo de encantadores de serpientes, de trileros de cajón y cubiletes que proponen una ruptura con la aviesa casta que nos gobierna. Llevan razón en su demanda, no así en sus predicados, es preciso, urgente una cirugía que extirpe el daño y renueve el organismo, pero no con una motosierra en plan la matanza de Tejas. Tal vez sea preciso reformar la CE, tal vez defenestrarla entera, o quizá solo sea preciso cumplirla al pie de la letra, pero lo que está claro es que no es demagogia ni cantos de sirena lo que precisamos, no quiero recetas para cocinar humo, ni almíbares para endulzar un paladar sin papilas. Lo que hace falta es sentido común, coraje para enfrentar de una puñetera vez a estos degenerados que nos han robado hasta la esperanza de creer que puede haber un mañana.
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