Economía sumergida
Juan trabaja de vigilante en un campo de golf, no cotiza por no estar dado de alta en la SS. Este mes ha cobrado 1500 euros y se los ha gastado en un sofá. El de la tienda de sofás con los 1500 euros ha pagado al proveedor y le sobra dinero para que su mujer vaya a la peluquería, el hijo pague los libros de texto adquiridos en la papelería del barrio. La peluquera ha pagado su salario a la empleada, ya que al igual que la mujer de Juan, tiene como clientas a la hija de Luis que trabaja de temporero sin asegurar, la madre de Juan, y la esposa de Alberto, que trabaja con Luis en el campo.
Fernando es autónomo y paga el IVA cada trimestre, Ana María es funcionaria y Hacienda le retiene el 14% de su sueldo, y la SS el 6% de ese mismo salario.
Juan no le quita el trabajo a nadie, la empresa que regenta el campo de golf no contrata con compañías de seguridad, o lo hace Juan o nadie. Con lo recaudado de Ana María y de Fernando, Hacienda rescata Bankia para que sus consejeros se gasten las retenciones de Fernando y de Ana María en putas o en helados. Eso sí, con el nuevo cálculo del PIB, el dinero gastado en putas también crea riqueza.
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