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Y la banda sigue tocando... las narices

por el príncipe de las mareas

~~ El señor Mas, Arturo en castellano, está un tanto cansino, tanto como en su día lo estuvo Ibarretxe. Aquí no se trata de coger una canción y pretender que se aprenda la letra todo el mundo, lo que pretende es que la cantemos todos a capela. Ni el pueblo ni los que lo habitan, están por los fregados de soberanías inéditas que pretende vender como un mal tratante de ganado. La política en su soberbia infinita, se ha arrogado la potestad no ya de decidir por el resto, además pretende legitimar esa postura por la fuerza de la opinión, que no de la razón. La cuestión es bien sencilla, solo hay que contestarle a su pretensión con un rotundo adelante, vamos con la consulta que solicita a voz en cuello por todos los rincones del orbe. Se convoca al referendo a los españoles y que voten lo que crean conveniente ¡Ah, que solo pueden votar los catalanes! Ya vamos cambiando el paso, ahora sí que la cosa ya no está tan clara. La Constitución no deja de ser una carta otorgada, un pliego de derechos y obligaciones que refrendamos en su día los españoles, y que por tanto solo los españoles en su conjunto podemos modificar. Lo tiene fácil el señor Mas, que reúna los votos necesarios en el parlamento español y proponga una reforma constitucional que le permita esa ansiada consulta sin necesidad de que el resto de España tenga nada que decir al respecto. Las leyes están para cumplirlas, y esto es así porque de lo contrario no formaríamos parte de un Estado de derecho. La norma, al igual que la nobleza obliga, y lo hace por aquello que conocemos como seguridad jurídica. El principio de legalidad mal se vería conformado si cada cual hiciese lo que le viene en gana. A nadie le gusta que le digan lo que puede o no puede hacer, pero es que si no existiera un ente superior a las voluntades individuales, esto sería un caos. Supongamos que la norma me prohíbe circular por una determinada vía por estar reservada a los que vienen por ella en sentido contrario. Si no respeto esa prohibición, lo más probable será que termine colisionando con ese que sí está autorizado a transitar por ella. Ya tenemos el conflicto, ya surgen los problemas por no haber regulado la circulación en esa determinada vía. Imaginemos que el robo no estuviera penado por la norma. La propiedad privada dejaría de tener sentido, ya que el más fuerte no respetaría la del más débil. Nuevo conflicto que nos ahorramos, o al menos paliamos con la ley. Señor Mas, si a usted se le permite que haga lo que le venga en gana, otros vendrán que querrán hacer lo mismo amparándose en las mismas legitimidades en las que usted basa su reivindicación. El caos estaría garantizado, la anarquía se adueñaría de la sociedad y ésta perecería por una carencia absoluta de sentido. Los pueblos no son dueños de su destino, eso es una falacia, amén de una ilusión óptica reflejada en una botella arrojada al mar en la creencia de que llegará a las playas ensoñadas, que una mano extraerá su contenido y presta, levará anclas en pos de dar cumplimiento al mensaje. Los pueblos no tienen capacidad para desarrollar su futuro, los pueblos están conectados entre sí por unas ligaduras que al tiempo que les unen, les atan.

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