Niños malcriados
~~ Un niño malcriado está acostumbrado a hacer su santa voluntad. Las consecuencias suelen ser un tanto molestas, indisciplinadas y sobretodo desestabilizadoras. Las causas, originariamente parten de una mala educación atribuible a la desidia de los padres, o a la falta de capacidad para solventar la cuestión de la paternidad. Cuando ese grosero recibe un regalo, suele despreciarlo si no se ajusta a los cánones sobrestimados que él le había atribuido, cuando recibe una orden, suele responder con la negativa de la desobediencia. Por ello, antes de elevar el nivel de exigencias con regalos de mayor calado, se debe comenzar con pequeños obsequios, incrementando la calidad de aquellos conforme las exigencias del momento, y sobre todo el mérito al que se haya hecho acreedor. Solo así, podrá alcanzar un nivel de exigencia acorde con sus propias iniciativas, capacidades desarrolladas y solvencia. El caso del niño malcriado lo podemos extrapolar a ciertos personajes de la esfera política actual. Así, amén del defenestrado Ibarretxe, tenemos al ínclito Arturo Mas. El primero consiguió alcanzar unas cotas de poder que ni él mismo hubiera soñado si nos ajustamos a la ecuación mérito-cargo. Algo parecido a lo acaecido con el nefasto Zapatero, que el Consejo de Estado tenga en su gloria. El segundo, el catalán, es caso distinto. Este alberga mayor capacidad resolutiva en una mente más avezada que la de los anteriores, éste rezuma más maldad consentida, es más taimado a la hora de pedir por esa boca. Al igual que le niño malcriado, estaba ahíto de regalos desaforados para sus virtudes, así que elevó con creces el listón de sus preferencias, aunque éstas no se ajustaran a derecho. El niño “mascriado” se empecinó en que sus regalos no alcanzaban sus méritos, quería más financiación, más inversión, más poder. Hasta que por el rabillo del ojo descubrió que otro niño tenía un juguete que le proporcionaba más diversión que los suyos propios. El niño vecino, no era otro que una suerte de niños herederos del juguete que se iban pasando unos a otros cuando el anterior se cansaba de jugar. El juguete en cuestión era y es el último modelo del concierto económico vasco, un juguete muy caro, que encima tenemos que sufragar todos los españoles. Si los vascos lo tienen yo lo quiero se dijo Arturo. Papá Estado le dijo que tenía más hijos, y que no podía regalarles a todo uno de estos, no podía ser. Arturo se enfadó y amenazó con irse de casa, pese no tener la edad para emanciparse, ni realidades jurídicas que amparasen esta decisión. Y en esa estamos, los caprichosos son tan ególatras, que si no se salen con la suya, amenazan con romper las reglas del juego e inventarse uno propio ¿Habrá quien quiera jugar con ellos, a sabiendas que a la primera de cambio te obligará a aceptar pulpo como animal de compañía?
/image%2F0222611%2F20220227%2Fob_d4939f_img-20161226-wa0026.jpg)