¿Enchufados? No gracias
~~ Dicen que sobran funcionarios en España. Para los que no se hayan percatado, se da un error conceptual en esta afirmación ¿Qué entendemos por funcionario? Evidentemente un político, muchos cargos institucionales o infinidad de puestos en el sentido literal de la palabra no lo son. No, no voy a contar el personal laboral que ejerce una función parecida al funcionario de carrera, aunque su acceso a la administración se haya producido por cauces distintos al de la oposición en todas sus variantes. Me refiero a esos que ocupan una plaza en la misma y no ejercen como tal funcionario o laboral. El presupuesto no da para tanta componenda, de ahí que antes de contratar a un profesor, médico o policía, se prefiera invertir en nepotismo, devolución de favores o colocación de posibles votantes que serán reos de su destino laboral. Si el Estado quiere cubrir las vacantes necesarias para que la administración funcione correctamente, precisa soltar lastre, tanto como para poder ajustar las cuentas al ejercicio económico. Y la verdad, el ejercicio físico no es su fuerte, y el intelectual no deja de ser una paradoja en la contradicción implícita entre el servicio al administrado, y el que se reservan los que han asumido el papel de aquel. El Estado es un ente jurídico que ha cedido sus competencias a los diferentes gobiernos que conforman el entramado nacional, es como si habláramos de una concesión administrativa. Así tenemos que para cubrir las necesidades del ciudadano, se haya optado por dos variantes. Una es la de privatizar todo lo que le debería corresponder administrar al Estado. Lo que venía siendo la cosa pública, y ahora no es más que un mercadeo sin un Jesús que les eche del templo. Por cierto, no acabo de verle la rentabilidad a esas privatizaciones cuando a la postre, resultan más caras que si las gestionara la propia administración. La segunda opción es la de cubrir no ya las vacantes, sino la de justificar el cupo de aquellos con una masiva colocación de personas que en ningún modo suplen las necesidades de atender los servicios que se deben prestar. No es lo mismo tener 3 millones de funcionarios repartidos entre bomberos, policía, médicos, educadores etc, que tener que sufragar los salarios de esa caterva ingente de enchufados, consejeros, asesores, adláteres y demás fauna que pulula por el suelo patrio. Como muestra un botón. Despido al 10% de empleados públicos y me ahorro un 15% en salarios, pero a cambio contrato un 3% de esos “amigos”, y el gasto se sube al 25%. Algo no cuadra, y menos las cuentas que nuestros queridos gobernantes echan cada vez que nos presentan los Presupuestos Generales del Estado.
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