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No perturbar la paz de los mediáticos

por el príncipe de las mareas

~~ Se quejaba anoche en Tv un personaje mediático, de la intervención en su caso la Guardia Civil, se había portado con una falta de profesionalidad a la altura, de la policía local de Madrid con Esperanza Aguirre. Aquella decía que ella con toda la educación había afeado el trato recibido. Olvidó decir que sus palabras fueron éstas: “No saben ustedes con quien están hablando, soy una tertuliana de Tv”. En mi ignorancia desconocía que eso de ser una persona pública, suponía una calidad de trato diferente al del resto de la ciudadanía. Aguirre no sé si llevará más o menos razón en su postura- incluso amaga con querella-, lo que sí parece claro es que había infringido la norma de circulación vial, y se hizo acreedora a una propuesta de sanción administrativa. El tema de los personajes públicos con la policía esconde más de lo que la mayoría de la gente sabe, de hecho, se han dado y se darán, anécdotas para escribir varios libros. A modo de ejemplo se podían citar algunas: En tiempos del gobierno de Felipe González, el ministro de educación exigía que la escolta siempre diera el taconazo cada vez que él hacía acto de presencia; con brío, que se notara quien era el agasajado. En ese mismo gobierno, el ministro de Hacienda ubicaba a la escolta de su vivienda particular en un recinto apropiado a las necesidades de aquellos. Así, constaba de aseo, cocina o incluso aparato de refrigeración. Si nos vamos al otro bando, el ministro de trabajo en sus desplazamientos en la Costa del Sol, era menos atento, la calle en toda su extensión era el cobijo para aquellos que velaban por su seguridad. Como último ejemplo de político, Miquel Roca en su etapa reformista y diputado por CIU, trataba a sus escoltas con una exquisitez que no cabría esperar, pero que siendo honestos, debe ser de agradecer que te traten con el respeto que cualquier persona merece. Así que los personajes públicos sean de la esfera política, sean de la farándula o de cualquier otro ámbito, siempre serán lo que son, personas. Con sus miserias y sus grandezas, pero siempre adornados de una prepotencia digna de su “clase”, que siempre estará muy encima de ese uniformado, que les perturba en su deambular cotidiano, con la impertinencia de exigirles el cumplimiento de las normas.

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