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Me llaman loco por que sueño

por el príncipe de las mareas

~~ Le llamaron loco porque atacó a los molinos de viento, ido por leer de manera empedernida, y orate por haber dejado los sesos en la bacinilla con la que se tocaba. Enamorado de un ideal con forma ensoñada de mujer, adalid de los desventurados, desfacedor de entuertos, y de bizcos y ciegos que los había por doquier, no por haber perdido la visión, sino por carecer de la vista que les permitiera vislumbrar lo que acaecía a su alrededor. Era hidalgo por linaje, enjuto por mesurado en sus costumbres culinarias, tal vez olvidadizo del menester del alimento cuando se hallaba repasando las cuitas de las desventuradas caídas en manos herejes. Fiel y arrogante a pesar de no saber hacer la o con un canuto, gañan de pelo en pecho, rudo en sus bondades y amistoso de oropeles y laureles. Gaznápiro y bobalicón soñaba con su ínsula allende las Baleares, tal vez gobernada por banqueros codiciosos o abisinios de piel oscura. A horcajadas sobre un jumento de luces parcas, tal vez las mismas que las suyas, quizá aledañas los deseos del futuro gobernador de Barataria. El enjuto y el ganapán encaminan sus pasos por el llano salpicado de avutardas, de amapolas arreboladas ante la presencia del prócer a caballo. Si bien el jamelgo tenga menos brío que las alabardas de su compadre. Marchan en procesión en pos de la muerte a manos sarracenas o del caballero de los espejos, que para el caso bien valdría un convidado de piedra a las bodas de Camacho. Su señora les espera en el Toboso, lugar de plantel propio de reyes cristianos, donde la gloria conquistada en mil y una batallas, serán la ofrenda a falta de alianzas de hierro como las que portan los que parten a galeras. Herederos por derecho propio somos. Los unos del quijote, los otros de Sancho, y todos, de la suerte de venturas que quisieron legarnos. Así somos los españoles con o sin g aspirada, con albardas de colores para los caminos y botijo de barro en la espera de tiempos venideros. Así somos los descendientes de aquella estirpe que se trocó mortecina, los unos por abandonar los sueños de gobiernos insulares, los otros por haber perdido la razón en el intento.

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