Viaje imaginado
Capítulo 1
Jesús tiene trece años y se pasa media vida en su habitación. Sus actividades diarias una vez ha regresado del colegio se circunscriben a ese reducto de ocho metros cuadrados. Es un niño cariñoso, pero no por ello deja de ser un tanto desabrido de carácter, quizás debido a su aislamiento voluntario entre esas cuatro paredes, enfrentado al televisor que lleva varios meses acompañándole. La videoconsola pretende hacerse su amiga, pero Jesús no va más allá de una relación esporádica y sólo cuando se ve acuciado por el aburrimiento más absoluto. Los recortes de papel suelen ser los protagonistas en su vida, los hay de todo tipo, desde los que representan a la saga del Señor de los anillos, La guerra de las galaxias o el mismísimo Harry Potter. Estos recortes no han llovido del cielo, sino de la imaginación desbordada del niño, y por supuesto la cualidad innata para reflejar sobre un papel en blanco todos esos personajes de la televisión o el cine, que han conseguido sin pretenderlo ocupar el lugar que la videoconsola no ha logrado.
- Podrías salir de vez en cuando para que te diera el aire. El silencio suele ser la respuesta más socorrida a la propuesta de su padre.
- ¿Cuantas horas llevas viendo la televisión?
Ahora sí se ve impulsado a contestar, puede que debido a la necesidad de defenderse ante lo que considera un ataque premeditado a su forma de vida.
- Solo he visto los dibujos, no llevo más de media hora con ella encendida. La discusión podría continuar un rato más con argumentos tan vanos como: No me gusta que veas tanta televisión, no me agradan los dibujos japoneses que solo entrañan violencia o ese programa, aunque sean dibujos va dirigido a los adultos; solo muestran la miseria de unos personajes que tratan de reflejar el mundo de los mayores. El silencio de nuevo se adueña de la situación, ahora el padre debería sentirse ofendido por lo que consideraría una falta de respeto hacia su persona, el simple hecho de no contestar podría interpretarse como si no le apeteciera perder el tiempo objetando a las recriminaciones paternas. No merece la pena caer de nuevo en la trampa, no hay intencionalidad alguna en la acción de no responder, esto es debido a no saber que decir ante ese personaje que a sabiendas de que le quiere, no deja de ser una amenaza a su existencia.
El llamado para comer es la señal para que todo el mundo salga del lugar donde se encontrara en esos momentos, uno a uno van apareciendo para tomar asiento alrededor de la mesa, el lugar ya ha sido determinado desde hace tiempo y no hay necesidad de conflictos por un lugar preferente de cara a la televisión. La hija mayor lleva la peor parte en estos momentos, su silla está colocada de espaldas a la que se afana por romper la convivencia con sus charlas anodinas, el dichoso aparato pelea con la familia para hacerse oír por encima de las conversaciones que puedan mantener o al menos intentar, antes de que alguien los mande callar. Normalmente el encargado de hacer cumplir esta norma es el padre, las noticias parecen tener su relevancia y es de obligado cumplimiento que el silencio se haga efectivo para que el televisor se alce ufano con la victoria que tanto ha peleado.
- Podías escuchar las noticias antes de que lleguen, sabes que cuando aparecen son como un río desbordado, ávido por soltar todo lo que lleva dentro. Estas sabias palabras como es de suponer, provienen de la madre. Como guardiana de los valores familiares es consciente de que los soldados recién llegados después de dejar sus armas al alcance para la batalla del día siguiente, se dedicaran a narrar con todo detalle las peripecias acaecidas en el día de hoy.
Una vez finalizado el trámite culinario, y como si de una obligación impuesta se tratara, Jesús no perderá el tiempo en más divagaciones, una pausa para lavarse los dientes a requerimiento de su madre y a enclaustrarse de nuevo. Sus personajes de papel están ansiosos por continuar con las aventuras aparcadas por causas tan nimias como pueda ser el hecho de alimentarse. Ellos no necesitan más sustento que el que quiera darles su creador cuando los alza sobre la cama previamente hecha, para que no presente ningún obstáculo en sus evoluciones.
A media tarde y si la suerte no ha estado de cara, su padre aparecerá por sus dominios, el verse sorprendido - aunque ha llamado a la puerta antes de entrar- no es de su agrado, no es dado a que nadie profane su templo.
- ¡Porque no apagas la televisión un rato, te vas a volver "chalado"!
- No la estoy mirando. El ejército desplegado parece corroborar sus palabras, y si tuvieran la capacidad de hablar le dirían al intruso que se meta en sus asuntos, acaba de interrumpir una batalla de vital importancia contra los orcos malignos del señor oscuro.
La hija mayor no demuestra el menor interés por quien se decante la victoria, saliendo de su habitación, y fiel a su costumbre de meterse donde no la llaman, no puede remediar hacer un comentario al respecto.
- Lleva toda la tarde con la "tele", luego dice que le dejen en paz.
La mirada un tanto asesina para alguien de su edad, no admite demora, si se le ocurriera dirigirla hacia los orcos que andan hostigando a las tropas de rey seguro que acababa con ellos sin necesidad de más armamento. En vista de que el conflicto se puede extender a más miembros de la familia, el progenitor de ambos opta por la vía diplomática y se retira con la dignidad de la que es capaz de hacer acopio.
- Mamá, no me deja en paz, parece que me ha cogido manía.
- No digas tonterías hijo, tu padre te quiere y se preocupa por ti. ¿Crees que si no le importaras te diría algo?
- Me tiene aburrido, siempre está metiéndose conmigo.
- Lo que pasa es que no entiende que pases tanto tiempo en tu habitación, considera que no es normal que no salgas.
- En la calle me aburro, ya tengo bastante con el colegio todos los días. Además estoy harto de los profesores, me tienen manía.
- Los profesores no te tienen manía, si les prestas atención cuando estén explicando seguro que no te dicen nada. Y con respecto a tu padre, si le hablas como a mí y le cuentas tus cosas no se meterá contigo.
- No me escucha, siempre dando la bronca.
Como es de rigor, en cuanto tiene la oportunidad de hablar con su marido, le expone las quejas del hijo.
- Jesús es un niño, aunque te parezca que es mayor por su estatura, es demasiado infantil y no entiende muchas veces tu actitud.
- Ya lo sé, pero es que me saca de quicio que no sea capaz de adaptarse a la edad que tiene. Ya son trece años, no es un bebé.
- Pero es muy infantil, y eso es algo que debes entender, cuando tiene un encontronazo contigo viene a quejarse a mí. Pierde más tiempo con él y verás como acaba entendiendo tu postura.
El niño sigue en su mundo de fantasía, tiempo tendrá de hacerse mayor y enfrentarse a lo que le quiera deparar el destino incierto. Cuando le han preguntado que querrá hacer de adulto, se ha limitado a encogerse de hombros. Su padre parece decantarse por que sea dibujante de "comics" vistas las actitudes que demuestra para plasmar en un papel todo lo que pasa por sus ojos, no sería una mala idea.
Una tarde que se encontraba dedicado a su actividad favorita, se le ocurrió una idea que de poder llevarla a la práctica sería todo un acontecimiento para él. Estaba viendo por enésima vez esa película que tanto le gustaba, con una sonrisa pícara en su cara morena, - cosas de la genética, porque lo que era el sol lo veía poco- se acercó hasta la pantalla, siguió acercando su rostro, ya toca con la nariz el cristal que le separa del mundo imaginario. Si le viera su padre se echaría las manos a la cabeza y pensaría que muy a su pesar llevaba razón en sus temores: se había vuelto loco. Al presionar un poco más, nota como la pantalla se vuelve viscosa y que su cabeza se introduce sin ninguna dificultad. Ante este hecho insólito decide penetrar por completo y tras un breve viaje se da de bruces con un personaje que estaba comiéndose una manzana.
- ¿Quién eres tú, y que haces aquí?
- Me llamo Jesús y vengo del otro lado del televisor.
La repuesta no parece conformar al aturdido personaje de baja talla, por lo que lo mira con ojos abiertos y expresión de incredulidad. - ¿Qué es eso que dices, como lo has llamado?
- Un televisor, sirve para ver películas y dibujos.
- No sé qué pretendes, pero lo que está claro es que hablas un idioma extraño, nunca he oído ese nombre. El niño que se las prometía felices con su descubrimiento, comienza a impacientarse y a no tener ya tan claro si ha sido una buena idea eso de meterse dentro del televisor.
- No hablo ninguna lengua extraña, de hecho me estas entendiendo en lo que te digo. Si no sabes lo que es un televisor, no me culpes a mí, será porque no los tenéis por aquí.
- Por supuesto que no tenemos nada de eso, ¿te crees muy listo por ello?
- No he venido a discutir contigo, he venido para conocer al rey de bastos.
- ¿De que conoces tú al rey? La paciencia colmada hace rato comienza a dar señales de no estar dispuesta a perder más tiempo con el pequeño ignorante que tiene delante de él. Busca con su mirada en círculo a ver si es capaz de descubrir allí alguien que denote más conocimiento, está visto que no va a adelantar nada dándole explicaciones a un ser que solo piensa en buscarle los tres pies al gato en todo lo que escucha.
- ¿Dónde están los demás, las mujeres soldado, la caballería…?
- Mucho pareces saber de nuestra gente, ¿no serás un espía?
- Sé todo lo que se mueve en este mundo, tengo varias barajas en mi habitación, así que no tengo por qué darte más explicaciones. Sé que eres valiente pero no eres muy despabilado.
- Un tanto insolente me has salido para no ser más que unas pulgadas más alto que la mayoría de nosotros.
- Y tú me estás haciendo perder un tiempo del que no dispongo, antes de la cena debo de estar de vuelta, si no mi padre me echará una bronca de cuidado.
- Tu padre debe ser un anciano ¿Cuántos años tienes?
- Trece, ¿Y tú?
- Yo tengo seis meses ¿Cuantos has dicho, trece? Me estas tomando el pelo, con esos años serías mucho más viejo que tu propio padre.
- No te miento, en mi mundo tu edad solo la tienen los bebés y los canarios que cría mi padre en la terraza.
- No sé de qué raza serás, quizás seas un humano.
- Pues claro que soy un humano idiota, ¿no se nota acaso? -En ese momento aparece una anciana de nariz afilada y verrugosa - ¿Con quién hablas pequeño topo?
- Dice que es un humano, que se llama Lexus y que viene de un sitio muy raro.
- Me llamo Jesús, y vengo del mundo real. -La vieja parece reflexionar unos instantes antes de volver a hablar - ¿Del mundo real? conozco muchos lugares en este mundo, pero nunca había oído hablar del mundo real ¿Por dónde cae eso, debe ser un lugar muy lejano?
- Para ser sincero, te creía más lista, al final va a resultar que eres toda fachada.
- No seas insolente... Seas lo que seas, aquí todo el mundo respeta a Angie la soberbia.
- Nunca he oído hablar de un personaje llamado así, creo que me he equivocado de historia. La sonrisa a escondidas del minúsculo topo no pasa desapercibida para la gran hechicera, que lo fulmina con una mirada de acero en sus ojos grises. El pequeño, o topo como gusta de llamarlo la encantadora, se encoge y hurta la mirada ante personaje de tanta relevancia.
- Veo que eres un desvergonzado o lo que es peor, un inconsciente al enfrentarte con el ser más poderoso de todo el universo conocido. Antes de acabar contigo te daré la oportunidad de explicarme de dónde vienes y a que has venido.
- Y dale con el tema, ya lo he dicho antes, vengo del mundo real.
- Sigue sin satisfacerme tu respuesta.
- Pues no tengo otra, así que si me disculpan me tengo que marchar. Espero volver otra vez por aquí para continuar con nuestra conversación, aunque preferiría hacerlo con el rey en persona.
- ¿Cómo sabes lo del rey? Cada vez me convenzo más de que eres un espía de nuestros enemigos.
- Ya se lo he explicado antes a éste, pero como no se entera de nada ha sido una pérdida de tiempo, como lo sería tratar de explicártelo a ti; ahora me voy, que paséis una buena tarde y no tropecéis con muchos enemigos. Dicho esto, se dispone a buscar el lugar donde cayó para regresar a su mundo real
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