un tambor de detergente
A eso de las cinco de la mañana la policía alertada del robo procede a su identificación. Luis, conocido como la “gineta del puerto”, porta un tambor de detergente, de esos antiguos de forma cilíndrica y un metro de alto.
- Algo tarde para poner la lavadora ¿no te parece? Inquiere el policía
- Me lo encargó mi madre esta tarde, pero me he entretenido.
Ante la sospecha de que el tal Luis fuera el autor del robo, procedieron a inspeccionar el tambor. Una cantidad razonable de detergente, un cacito con unas marcas para dosificar el mismo y nada más. Los agentes no sacaron nada en claro, pero al menos las manos quedaron limpias.
Por más vueltas que dieron alrededor de Luis no hallaron nada que le pudiera incriminar, así que optaron por permitirle seguir su camino.
- Buenas noches y no olvides que te estamos vigilando.
Luis se marchó con su tambor de detergente en la mano, nada más doblar la esquina, sonríe mostrando unos dientes de rata poco higiénica y saca del bolsillo del pantalón una cadena de oro que rebrilla ufana bajo la luz de la farola.
Moraleja: La ostentación a veces oculta la realidad.
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