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Promesas

por el príncipe de las mareas

Comienza a caer un sirimiri o calabobos sobre la cabeza de mariano el recorto, aún no se vislumbran los nubarrones negros, esos que anuncian la llegada inminente de una tormenta con aparato eléctrico incluido. No tardaran, ni tardaré en ponerme las pilas de la acusación a la manera de entender las cosas de esos que se han empeñado en no gobernarnos.

El gobierno popular atesoraba una capacidad derivada de su formación, que a todas luces anunciaba que no subiría esta. Nos equivocamos, no solo subirá la luz, también lo hará todo aquello que se pueda registrar en un recibo bancario, billete de transporte o a modo de impuesto. Los indirectos eran algo que sospechábamos, que intuíamos que serían como los buenos propósitos, que a diferencia que aquellos, estos se cumplen. En lo referente a esos que llamamos directos, los que nos cuelan por la cruceta de la nómina sin que haya portero en el mundo capaz de pararlos – incluyo a esos armarios de seis puertas correderas por la espalda que tan aficionados son a ponerle la cara como un mapa al desdichado que pretende entrar en un local de ocio, sin contar con el beneplácito de estos cancerberos de Hades-. ¿Nos engañó mariano? Yo creo que no, que todo formaba parte de la estrategia intelectual de cada uno. En el fondo, todos y cada uno sabíamos que la cirugía que precisaba la economía no se iba a interpretar armado de un bisturí y una solícita Soraya que enjugara el sudor de la frente de los desterrados del Edén socialista, más bien suponíamos que la cosa sería más propia de una motosierra pletórica de gasolina. Nadie puede llamarse a engaño cuando tocaban a rebato, nadie puede o al menos debe decir, que creía que las promesas de mariano eran tan reales como las de matrimonio proferidas por el Código canónico. Había una canción añeja que evocaba eso de “vamos a contar mentiras, tralará”, y esa misma letra la profieren los políticos cada vez que abren la boca. Así, cualquiera que estando en posesión de sus entendederas, crea que los políticos piensan cumplir lo que prometen, no deben estar muy bien relacionados con la realidad, vamos que viven en Somosaguas, tras dejar las nubes y el viento a su libre albedrío.

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