Andalucía, esta tierra
Cantaba jarcha que Andalucía debía despertar, que era libre de sus cadenas. Tal vez fuera una premonición alegórica de la realidad sociopolítica que se nos ha manifestado en las últimas semanas. Andalucía es la tierra de las subvenciones, de la dependencia del cacique de turno que se arremangue a firmar una peonadas, unos jornales a cambio de unas sustanciosas, pero espúreas más de lo mismo, o sea más subvenciones.
Aquí ni todos somos toreros, ni todos somos tan guapos como nos quieren hacer creer los kim jon del régimen, ni somos tan vagos como nos quieren hacer ver los que allende sus lloriqueos, nos tratan como a parias en una tierra maldita. Aquí se trabaja cuando se puede, se come cuando encarta y nos apuntamos a la primera fiesta que se perfile en el calendario gregoriano, que si fuera mariano, nos recortarían tanto pescaíto frito, tanto fino y tanta gamba blanca de Huelva. No podemos llevarnos a engaño, no debemos seguir creyendo las bondades de un régimen que toca a su fin, que se resquebraja en sus estructuras cimentadas durante treinta años, sin que nadie hasta ahora se haya parado a investigar si la libertad de elección ha sido una quimera, o solo un sueño de verano en las terrazas de San Telmo.
Cada nueve de noviembre, la afligida viuda en vida de Cecilia, recibía un ramito de violetas. Cada 28 de Febrero, como siempre recibimos las bonazas de estos jetas. O somos tontos de capirote, o somos tontos debidos a un endemismo autóctono que nos ha convertido en peones de la devastación institucional. Llevamos tres décadas ejerciendo de mamporreros de unos desalmados que solo tienen en común con el resto, el acento, ese deje al pronunciar tan característico de aquí, por lo demás son unos depredadores institucionalizados y consentidos por una población adormecida bajo los efluvios de la ignorancia más supina, la esperanza más absurda y la constatación diaria de que esto se acaba, que ya ha llegado la hora de poner freno a este dislocado ritmo marcado desde las instancias de lo que se viene conociendo como Junta de Andalucía.
Fondo de reptiles es una buena denominación, que mejor que compararlos con los saurios que arremeten contra todo lo que se mueva y sea susceptible de producir dividendos. Eres fraudulentos a la carta, cocaína y putas sufragadas con fondos públicos, nepotismo chavista, donde no habrá quedado un solo miembro del clan por colocar de por vida, despelote dinerario o dispendio legitimado desde las alturas del edén andaluz. El régimen se derrumba, ¡sálvese quien pueda! Parece ser la consigna que recorre las filas de este ejército de salteadores que ha medrado durante tres décadas con el beneplácito de una población abducida desde las más altas instancias de la estulticia. Hay que ser idiota para seguir amamantando a unos voraces políticos, funcionarios, arrimados y demás especies que infestan las instituciones públicas, hay que ser idiota para no darse cuenta que las promesas incumplidas, no son más que mentiras adelantadas. Hay que ser idiota para no percatarse, que esta región se ha visto descendida a los infiernos una vez que pase este sol primaveral que no atisba la luna que se acerca en conjunción planetaria, en eclipse total, al que nos han condenado los que durante treinta años, nos prometieron las delicias de la sodomización artera.
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