No pretendo disertar sobre el bien y el mal, pero ya me está chirriando que
No pretendo disertar sobre el bien y el mal, pero ya me está chirriando que gente a la que se le atribuye inteligencia, gente que ha demostrado su capacidad de discernir, gente en definitiva tiene los pies sobre la tierra, no sea capaz de distinguir la realidad de las ideas. El tema de moda ayer y hoy es la manifestación pacífica y democrática en las cercanías de la Carrera de San Jerónimo; pero a su vez también lo es el intento de asalto al Congreso de los Diputados.
Supongamos que hay que argumentar sobre estos hechos en base a las imágenes, las declaraciones, las acciones desplegadas, los movimientos realizados. Tenemos dos posturas claramente diferenciadas, una que ve a unas personas que legitimadas por el derecho se manifiestan para protestar contra los recortes del gobierno, y que se tropiezan con la intransigencia gubernamental en forma de muro disuasorio y a su vez coactivo, violento, que saltándose la legalidad vigente cercena el derecho constitucional a la libre expresión y a la reunión pacifica y sin armas. Por otro están los que consideran que la proposición de asaltar el Congreso es un delito, que les llama golpistas, que no pueden tolerar que unos cuantos de exaltados hagan lo que les venga en gana.
¿Cómo lo veo yo? Un grupo de personas se erige en redentoras del país, creen que la democracia y las instituciones no les representan y deciden montar su propio estado paralelo. Comienzan su andadura el 15 de Mayo de 2011, quizá en la idea de renovar ese mayo francés del 68. Se organizan, se reúnen, aglutinan descontentos y llegan a calar en un sector social que se identifica con sus postulados. Les sale medio bien, y deciden emular la vieja democracia griega, o la no tanto francesa revolucionaria y forman asambleas para decidir sobre lo que se traen entre manos, y que a los pocos días demuestra lo que en realidad era, una buena intención infestada del virus político. Ciertos grupos de extrema izquierda se nutren de elementos antisistema, estos como virus que se precie termina por destruir a la célula primaria.
Con el paso del tiempo, esta célula mutada contempla con horror como sus ideólogos pierden las elecciones generales ¡Santiago (supongo que carrillo) y cierra España! Los sindicatos toman el relevo-quizá ante el temor a que el mutante les robe protagonismo- y prometen un otoño caliente (el verano es para irse de crucero o visitar Suiza en el placer de adquirir relojes para coleccionar). Fracaso de sus manifestaciones, su poder de emplazar es menor que la convocatoria de una plaza de rector en el Gobi. La derecha sigue aferrada al poder, no le ha hecho mella ese clamor popular, así que se recurre de nuevo a los denominados “perroflautas”, esos defensores de los derechos de un 0’0 y pico de la población. Al grito de guerra de, “al asalto del parlamento” se encaminan una magra representación de descontentos, tantos como seis mil, lejos de los cien mil hijos de san Luis, menos que los que siguen al San Roque de Lepe. Armados con la palabra (y varios centenares de piedras) legitimados por la razón (que les da Cayo Lara y tres más), y amparados en los derechos constitucionales (que paradójicamente sanciona el Código penal) pretenden presentar sus respetos a sus señorías. Portan una manifiesto en el que se pide la dimisión del gobierno (¿no iba la cosa contra todo el arco parlamentario?) exigen en su derecho como representantes de ese 0’0 y pico por ciento de españoles que las urnas vuelvan a pronunciarse tantas veces como sea necesario para que el gobierno vuelva a sus manos. Bueno, no a las suyas sino a las de los instigadores que tras las bambalinas protectoras del cordón policial, esperan el resultado con el anhelo pintado en sus rostros (como las pinturas de guerra de un buen guerrero). La delegada del gobierno dice que nanay, que sus señorías no están por la labor de esa entrevista, que se den la vuelta y dejen a los leones en paz. Un aguerrido, un valiente secuaz del “asaltamercadonas” se decide a saltar la valla cual almonteño devoto y cae en los brazos de la policía. El resto ruge, le aclama y grita: “mas educación y menos policía”. Mira por donde policía hay poca, de hecho no se cubren las vacantes y el número de efectivos ha descendido de manera notoria, pero acepto Wert como animal de compañía.
Pacíficamente, apenas unas decenas de kilos de objetos contundentes, agresiones a los agentes uniformados, palos de bandera (republicana e inconstitucional o anarquista de la CNT) usados como lanzas para ensartar a los policías o al menos, golpearles en las costillas ¡Esto es inaudito! La policía se defiende, hace uso de la fuerza para disolverlos. No sé si estaré equivocado, pero a un agente que se enfrenta a unos manifestantes se le exige que haya proporcionalidad en los medios empleados. Así, si te agreden con palos y piedras, contestas con material antidisturbios y la sufrida defensa (gracias a dios que nadie tiró del arma). Puede que siga equivocado, pero los agentes de la autoridad están investidos del poder de coerción, potestad exclusiva del Estado. Se pretende asaltar el parlamento, allí reside la soberanía nacional, y la acción de gobierno la efectúa el ejecutivo, que en este caso ha delegado en su representante para que les pare los pies (patadas incluidas) a los manifestantes.
Cayo Lara y Gaspar Llamazares (y algún espabilado socialista) se echan las manos a la cabeza: “que hay policías infiltrados entre los manifestantes”. Como se nota que no han gobernado nunca, que despliegue de conocimientos. Vamos, que la policía se debe cruzar de brazos y esperar ingenuamente a que alguno de los antisistema (muchos versados en guerrilla urbana) les de por esconder armas, pretendan atentar o simplemente les de por elevar el nivel de diversión con algún artefacto pirotécnico que pueda causar una estampida y a resultas, alguien salga con los pies por delante. Sí, los del grupo primero, los que ven la manifestación como el libre ejercicio de un derecho constitucional me dirán que exagero, que manipulo sin razonamientos. Mira tú por donde, cuando en otra opinión expuse lo de la bombona de butano, lo viví en Hernani, cuando digo que pueden estar armados lo he constatado personalmente en una simple manifestación de agricultores en Valladolid. Cuando digo que se pierde la noción del daño a causar, cuando las secuelas de un mal golpe, un objeto arrojado con violencia son altamente peligrosas, no me lo invento, no elucubro sobre la parábola que trazará el objeto lanzado en su trayectoria en su afán por alcanzar la cabeza del policía.
La libertad no es libre, parece una contradicción pero es así. La libertad está sujeta a unas pautas que de no cumplirse pierden su eficacia, y por tanto dejan de pertenecer a la esfera del libre albedrío.
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