Overblog Todos los blogs Blogs principales Literatura, Historietas y Poesía
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

No, era una cofradía

por el príncipe de las mareas

Le duele la cabeza, tal vez se deba a la resaca por la ingesta de alcohol de la noche anterior. No es aficionado a la farmacopea, pero ha decido tomarse una píldora antes de que la cosa vaya a mayores. La luz que entra por la ventana de la cocina se ha desprendido totalmente de su timidez, señal inequívoca de que hace ya un buen rato que amaneció ¿Qué hacer hoy? ¿Qué hacer a partir de ahora? No es una cuestión de tiempos ni tampoco de planteamientos más o menos trascendentales, pero no estaría de más enfocar la nueva situación con ojos más atentos de lo que lo ha venido haciendo hasta el día anterior. La velada estuvo plagada de emociones, fue como una radiografía de todos y cada uno de los componentes del grupo: Paco como siempre, en su mundo de actos tangibles sin mayor preocupación que la de alimentar el cuerpo con todos aquellos ingredientes que le son necesarios. Roberto con la prudencia que le caracteriza a pesar de su juventud, Concha… ¿Quién es esta Concha?, Miguel, ¡Ay Miguel! El eterno enamorado, el Romeo despechado que no sabe como trepar hasta el balcón de su Julieta. Miguel es un Larra desesperado que no se atreviera a finiquitar su existencia por falta de arredros suficientes para alcanzar ese acto heroico, ese sueño que le persigue por los caminos del desconcierto. Claudia, la reina del enjambre, el elemento discordante en esta poción envenenada. Ella es la dama por cuya mano luchan los paladines enfrentados, uno un quijote rejuvenecido que no ve más que enemigos inmortales en lucha perpetua por obstaculizarle el amor de la bella; el otro un Lancelote engañando a su rey y un Arturo engañado por sí mismo. La tuvo, fue suya y la perdió ¿El error fue propio? ¿Acaso la culpa fue ajena? Puede que ni siquiera hubiera existido yerro ni intención de delinquir por parte de los actores de este drama, que en su acto tercero no tiene claro como finalizar la obra, como si el libretista jugara con los destinos de los intérpretes y quisiera poner un punto de amargura o desazón en los espíritus de éstos

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post