Mirando tus manos creí ver las olas del mar La blancura de las mismas me trajo
Mirando tus manos creí ver las olas del mar
La blancura de las mismas me trajo recuerdos
lejanos, casi tanto como para olvidar.
Rememoro aquellos días pasados
Me retrotraen en el tiempo, me hacen evocar
murmullos de olas bravías,
azotes de tormenta y truenos
Miedos negros, tristes y ancestrales
Batallas perdidas por descabalgados reyes
Por jinetes que no sabían montar
Caballeros de linaje, pajes o senescales
Carretas tiradas por caballos o bueyes
Corcel alado llamado por unos Pegaso
Por otros quizás, tal vez acaso…
Desperté de mi sueño de espadas y guadañas
Avisté las luces que perforaban la ventana
Dejo su croar tedioso la rana
Quien sabe si llegó la mañana
No relincha el Pegaso imaginario
No he muerto durante la noche
No me envuelven en un sudario
Ni me recriminan con reproches
Puede que en el fondo no sea mal poeta
Tal vez no haga falta tocar el clarín
pífano, violín ni trompeta
Y es que cual espada de Damocles,
mi poesía desprendida no tenga
por qué pender de una sola crin
ni pasar por semejante calvario.
Basta ya de tanta arenga
Toque este poema a su fin,
que mas parece una tragedia de Sófocles
o un invento descabellado y ruin.
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