Lo acaecido en el Madrid Arena, estoy convencido que hubiera ocurrido igual
Lo acaecido en el Madrid Arena, estoy convencido que hubiera ocurrido igual con licencia, con informes favorables, y con lo hubiera precisado para funcionar con legalidad. Las licencias se expiden para recaudar, los informes se emiten buscando la salvaguarda del perito o del ingeniero de turno, y sobretodo como una excusa para no dar explicaciones posteriores.
He visto conceder una licencia de armas a un manco. Entiéndase que me refiero al informe favorable del médico. He visto autorizar provisionalmente una discoteca de verano, careciendo de cualquier requisito mínimo para ponerla en funcionamiento. La excusa es fácil, mientras se tramita el expediente definitivo se permite la apertura. Las consecuencias son ajenas a la administración que ha cumplido con el protocolo de actuación. Esta carrera de irregularidades no tiene límite ni moral, ni legal, pero la desfachatez con la que se despachan los que tienen la obligación de velar por el cumplimiento de la normativa, esa se dispensa en camiones cisternas. Cuando ocurre lo que no debería de ocurrir, pero que irremediablemente ocurre, todo se vuelve en despejar el área, en buscar culpables más allá del centro neurálgico donde habría que buscarlos. Lo primero es analizar la situación, los daños colaterales, las repercusiones mediáticas, el valor de las víctimas. Sí, mal que nos pese las victimas son tasadas en función de su caché, de su economía o de la capacidad de defensa que puedan albergar sus familiares. Ha ocurrido en muchas ocasiones, donde se les ha ninguneado con total descaro, sin miramientos de ninguna clase. Recuerdo que en un incendio en Ciudad Real, unos bomberos murieron calcinados en la extinción de un incendio forestal. Rubalcaba se permitió frivolizar sobre sus cadáveres humeantes. Casi le cuesta que le rompieran la cara en los pasillos del Congreso.
Hoy, ayer, les ha tocado a cuatro jóvenes, cuatro insensatas, cuatro desaprensivas, hijas de unos desaprensivos que podían haber perdido la patria potestad de haberse tratado de menores a los que dejar en manos de la asistencia social. Esas jóvenes descerebradas son culpables, sus padres irresponsables son culpables. Las unas por haber pretendido divertirse sin evaluar la irresponsabilidad manifiesta de los que como dije antes, tienen la obligación no ya moral, que también, sino institucional de velar por la seguridad y el bienestar de sus administrados.
Jóvenes, menores, ancianos, mujeres y personas de cualquier edad, sexo o condición. Si pretenden vivir, simplemente hacer uso de la libertad que como seres humanos tenemos derecho, cuidado con lo que hacéis, siempre seremos responsables no de nuestros propios actos, sino de la falta de diligencia de aquellos que deben garantizar nuestro bienestar. Ellos por el contrario son inocentes de todo cargo, ellos ostentan la inmunidad de su gestión, la impunidad de una sociedad que solo aspira a mirarse el ombligo mientras te cercenan no ya los derechos, también si te descuidas, la vida misma.
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