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La polémica sobre la posible polémica actuación de la nacional en

por el príncipe de las mareas

La polémica sobre la posible polémica actuación de la nacional en Valencia, parece que trae cola, y no de la de pegar precisamente ¿o sí?
Se puede opinar lo que se quiera, incluso podría hasta argumentarse a favor o en contra de los policías, de sus mandos, de los dirigentes políticos o de los políticos que ya no dirigen. Mi opinión no es que esté más versada que la de otros, quizá algo más acertada, y desde luego para nada sesgada.
Se han dado una serie de elementos dispares y a la vez enlazados, que han llegado a provocar una cruzada en contra de la actuación policial, de hecho, para algunos se ha vuelto al franquismo con sus antiguos “grises” o Policía armada. No hay para tanto, ni para menos, que la cosa es grave, pero no como la quieren vender ciertos interesados en la caída prematura del gobierno popular. He visualizado varios videos, he constatado opiniones en diferentes medios, y me he formado una opinión que paso a exponer:
La policía ha actuado mal, ha pecado de ingenua, de excesivamente brutal en algunos episodios puntuales, pero contundentes al fin y al cabo. Lo primero que ha fallado a mi parecer ha sido el protocolo de actuación, las premisas y las órdenes recibidas o la interpretación que cada uno haya hecho de ellas. Una máxima que debe primar en toda actuación donde se emplee la coerción, debe ser la proporcionalidad en los medios empleados. Si te insultan, no vas a abofetear, si te amenazan con un palo, no vas a dispararle, y si los manifestantes no portan armas, si no te agreden, debes contenerte y no liarte a mamporros. Esto se ha obviado, se han visto imágenes donde alguno que otro de los uniformados arremete contra manifestantes que en nada suponían una amenaza ni para su integridad, ni para el orden público, se han visto imágenes donde una joven es arrastrada por el cuello con violencia extrema, se ha visto a un rastafari, que podrá ser un antisistema, un perro flauta, o lo que quiera, pero ha sido golpeado en la cara sin miramiento alguno. La imagen, la publicidad, lo que se vende al público es vital, y una policía que vende agresiones gratuitas se vende muy mal.
Por otro lado tenemos la repugnante utilización de elementos subversivos, de comportamientos estudiados, de declaraciones abyectas de un partido socialista en la oposición, que condena, demoniza y desvirtúa hasta la saciedad a un cuerpo policial al que mandaba hasta casi antesdeayer, un cuerpo policial que no solo defiende los intereses de los ciudadanos y se juega la vida en el empeño, sino que además forma parte de las instituciones del Estado, y que todavía sigue estando libre de la menor sospecha sobre su lealtad, y salvaguarda de los intereses públicos. La oposición de manera repugnante hace gala de su falta de seriedad, de su aversión a las reglas democráticas, y se erige en báculo del ataque al gobierno, pero llevándose por delante al Cuerpo nacional de Policía al completo.
¿Qué debe hacer el gobierno? Lo primero destituir al impresentable comisario valenciano. Llamar el enemigo a unos “presuntos estudiantes”, me parece amén de desafortunado, frívolo. En segundo lugar dar las explicaciones pertinentes, que por cierto la delegada del gobierno en Valencia ya lo ha hecho públicamente, no como la que el pasado año ejercía en Madrid, que ni estaba ni se la esperaba. Por último, exigir a la oposición una vuelta a la realidad democrática, actuando con rigor, sancionando a los policías -me niego a llamarles números- que se hayan hecho acreedores con su actuación a una sanción disciplinaria, y acallar esas voces interesadas, sectarias y tal vez saboteadoras, haciéndoles saber que el orden público es de obligado cumplimiento, y que cualquier desviación de las normas no debe quedar impune.

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