Es hora de aprender
A mi regreso las noticias me esperaban impacientes, ellas que no pueden vivir sin mí. No se han molestado en darme una tregua: Más de seis millones de parados y un gobierno que decide aceptar la herencia recibida a beneficio de inventario.
Muchos creímos que la lacra socialista sería sanada por la derecha, que los días de terror serían sustituidos por la benevolencia de una primavera adelantada en el calendario electoral. En realidad no es más que una absoluta falacia, una invención metafórica que no va más allá de una ilusión desvanecida antes de tiempo. Nadie esperaba salir del atolladero institucional, social y económico sin pagar los tributos pertinentes, menos en tan escaso lapso de tiempo, pero aún menos podíamos atisbar una realidad tan demacrada una vez limpia de afeites.
El gobierno heredero se nos ha declarado insolvente, dice que no puede asumir una herencia que le aboca a la ruina, que le destierra de por vida y le condena al ostracismo. No dice que su incapacidad es tan evidente que incluso hasta los más sordos de espíritu han conseguido vislumbrar que sus acciones son letales de necesidad. No hay vuelta a atrás, no hay atropellos institucionales, golpes en la sombra que desestabilicen su gestión, solo hay una enorme carencia de argumentos para enderezar el rumbo de esta nave llamada España, una incapacidad manifiesta tan tozuda, que no hará prisioneros.
Islandia dicen que sale del abismo sin necesidad de haber pasado por las armas a sus gobernantes, sin revoluciones ni reyertas que hayan desangrado al país. Han usado de una técnica tan simple como efectiva, han despedido a sus gobernantes y se han negado a pagar las deudas que ellos no contrajeron.
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