Dijeron que ETA se marchaba
“Hoy no es un día de felicidad, no me complace para nada la noticia que algunos parecen acoger como el día de la paz mundial. Desde mi fuero interno quisiera gritar, gesticular con aspavientos bien visibles para que aquellos, esos que aún creen en la bondad de las cosas, en la integridad de las instituciones, en la realidad cortada a medida en una sastrería de oprobios y artimañas de paciente sicario, abran los ojos y griten conmigo.
Hoy han vuelto a pecar de ingenuos los esperanzados, los castigados por una ley divina que les condenó a cincuenta años de travesía por el desierto de la imposición, aquellos que de inocentes tienen lo que Herodes, han vuelto a pecar de canallas, de sibilas emponzoñadas cual oráculos previsores de toda clase de buenaventuras. Hoy hemos vuelto a revolvernos las tripas los que hartos de tanta mentira, tanta iniquidad y tantos años pasados al calor del desaliento volvemos a ver escrito un guion que es más bien un panfleto manchado de sangre propia y ajena. No quiero pecar de escéptico, de adelantado a mi tiempo, de falto de un mínimo de rigor en analizar todas y cada una de las reacciones producidas ante el anuncio de los asesinos de ETA. No quiero mirar para otra parte y al volver el rostro comprobar que nos han vuelto vender el mismo pecado envuelto en celofán torticero. Esto parece que lo hubiera diseñado Michael Ende con su historia interminable, y aderezado por el mismísimo Maquiavelo.
ETA cansada de matar militares, policías y Guardias Civiles, amplió el menú, introdujo en su dieta a políticos, gente que pasaba por allí, empresarios rebeldes y… de postre por ser más digestivos, a niños. Hijos de sus madres, de sus padres Guardias Civiles, como aquella criatura que bailaba al son de la música de la explosión que le quitaba la vida en santa Pola.
Las cosas están claras, no hay medias tintas ni rojas ni azules, nos espera el advenimiento del mesías que liberará al pueblo vasco oprimido por las huestes españolas. Sí, no me cabe duda de que dentro de poco más un mes, veremos sentados en la bancada etarra del Congreso de los Diputados, a De Juana Chaos, Josu Ternera y otros cinco más hasta completar un grupo de siete -al menos ese número les auguro- que optaran a grupo propio. Y sus señorías, representantes del pueblo soberano nos protegerán de las armas etarras, de esos desalmados que durante cinco décadas nos han sometido al tormento de una noche triste, donde las saetas aztecas fueron sustituidas por la granada de mano, el tiro en la nuca o la bomba lapa. Y se completaran las instituciones con un gobierno nazi en vascongadas, y desde allí nos exhortaran para que les dejemos que rompan sus cadenas, que puedan decidir libres sobre su futuro ¿Gratuitamente? No, nuestros representantes dicen que esto es un triunfo de la democracia, que esto es el resultado de la labor de Rubalcaba en su etapa como ministro de interior.
Mientras esperan que la gloria les llegue, mientras se deciden estos tozudos gobiernos español y francés a reconocer su Estado independiente, lo harán los menos afortunados entre los muros de ese hotel que les hemos construido con cartón de las cartillas del paro, y confortables instalaciones. En fin, eso para los peor escalafonados, los mejor colocados disfrutaran de una estancia en Dublín, el Caribe o en Pernambuco cobrando una pensión vitalicia o una sugestiva indemnización por los daños causados. No debemos olvidar que alguno reventó mientras ejercía el libre derecho a fabricar una bomba, que algún otro se ha visto impelido a quitarse la vida ante tanta barbarie policial.
Tengamos presente que el día 20 de Noviembre al ir a votar, junto a las papeletas blancas del congreso y las sepias del Senado, nos vamos a encontrar otras de color rojo, esas serán las que aúpen a estas personas de bien a ocupar un escaño en el Parlamento donde los representantes harán honor a su nombre, representaran una farsa tinta en sangre que me produce tal repugnancia, que me duele hasta el teclado de pensarlo.
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