Creo que estamos perdiendo la noción de la realidad que nos rodea. En
Creo que estamos perdiendo la noción de la realidad que nos rodea. En Twitter el personal anda enfrascado con unas disputas que en realidad ni son tal, ni tienen alcance más allá del de un tirachinas. Me refiero a la cuestión religiosa y al nacionalismo. El segundo es un tema cansino, recurrente a la hora de vender las bondades de una mala gestión. Ese sería el caso catalán. Si lo engrandecemos y los extrapolamos más allá de estas fronteras discutidas hasta en la serie Isabel, hablamos de otra cuestión diferente. Es cierto que a comienzos de la mall llamada crisis, la gente se volvió más nacionalista, pero esto surgió no como elemento discordante de separación de identidades, más bien supuso el afloramiento de los instintos primarios como el de la subsistencia. Así, el local, que no necesariamente autóctono, veía peligrar no ya su trabajo, sino la posibilidad de verse arrebatada una perspectiva.
La otra cuestión, la religiosa, supone un alejamiento de nuestro entorno, una extensión artificiosa de un problema ajeno en la fe y peligrosamente cercano en su divulgación. No somos un país religioso, pero tampoco agnóstico, o laico como nos han querido vender los políticos aconfesionales, somos lo que somos y eso no se olvida ni suprime en tres décadas.
Me resultaría estéril remontarme a los tiempos de la Inquisición, máxime si tenemos en cuenta que hubo más de propaganda foránea que de realidad. Bien es cierto que fuimos una nación tan católica como el propio imperio que conformamos, bien es cierto que durante la dictadura de Franco, los dictados católicos eran de obligado cumplimiento. Tres décadas después ni podemos obviar esa realidad, ni debemos de demonizar ese pasado. La iglesia española ha podido hacer un daño terrible, no lo discuto, pero sus bondades han superado con creces ese mal acaecido tiempos atrás.
La iglesia se equivoca, evidentemente sus dirigentes son personas, hombres y algunas mujeres que conviven en un ambiente célibe, sin contacto intelectual con la sociedad a la que pretenden servir. Es cierto que en su afán de inculcar su verdad, caen en el adoctrinamiento, pero no considero que esa pretensión vaya más allá de un intento catecúmeno, una idea de apartar a su rebaño del mal camino.
Podemos traer aquí ciertos episodios recientes de pederastia, y serían aceptados como algo que realmente me repugna y me solivianta el ánimo. Pero también podemos convenir que su labor humanitaria, solidaria, y en ciertos aspectos de auxilio, bien merecen el perdón de sus pecados. No de los que han cometido abusos, sino de la entidad como un todo.
/image%2F0222611%2F20220227%2Fob_d4939f_img-20161226-wa0026.jpg)