Elecciones andaluzas
Andalucía despierta, que eres libre de tus faenas. No me refiero a los quehaceres diarios, que esos no se liberan nunca; hablo de las jugarretas que durante décadas, nos han hecho los encargados de gestionar la cosa pública. Carmen Calvo decía que el dinero público no tiene dueño. Pues parece ser que estaba equivocada, sí que lo tiene: la gente que tributa, los que tributaron en su día, los herederos de aquellos y futuros contribuyentes. Vamos, que los dueños somos nosotros, los que fuimos a votar el domingo. Ganó Juanma Moreno, un político recatado en las palabras y moderado en las formas. La gente está cansada de la crispación, del enfrentamiento del y tú más y cuelga tú, que no, que cuelgues tú. Hasta que la factura del teléfono se equipara a la de la luz, a la de la cesta de la compra o llenar un depósito de carburante. Juan Marín ha sido desterrado, tal vez de manera injusta; quizá, le haya tocado ser inmolado en aras de la pax morena. El mozo de Espadas, el subalterno del maestro Sánchez, diestro en la mentira, siniestro en lo demás, se ha estrellado contra el rescate europeo, ese que nos anuncia la llegada de tiempos oscuros. El viajante de comercio, al igual que Gregorio Samsa, mengua por momentos, se esconde de su hermana Grete, de sus padres, de toda la ciudadanía. Pedro Kafka se ha convertido en un insecto despreciable y despreciado por los suyos. Que el demonio lo acoja en su seno, que bastante castigo lleva dado desde que se llevara por delante la frágil democracia que nos amparaba.
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