Feliz Navidad
Falta una semana escasa para el mazapanazo de salida de las fiestas navideñas. Este año, los imbéciles que dicen manejar nuestras vidas recomiendan decir eso, felices fiestas. Me pregunto, ¿qué es una fiesta? Según mi amiga de la infancia, la RAE, hablamos de una “reunión de gente para celebrar algo o divertirse”. Personalmente, las Navidades no me divierten. Bueno, hay años en los que una vez alcanzado eso que llaman el “punto”, sí que me he divertido, pero hace tiempo que no paso de la coma, que me resulta más fácil que una beba, con sus inconvenientes estomacales de arcadas y fatiguitas de la muerte que suelen acompañar a la ingesta desmedida de alcohol no sanitario. Media botella de vino cenando, una copita de cava y un par de combinados de Whisky vienen siendo suficientes para alcanzar ese punto de SET, que no de partido, puesto que las Navidades son largas y dan para un torneo completo. Desde que me hice la segunda colonoscopia, no abuso de las comidas. Así, que no tengo el estómago preparado para ingestas excesivas, y mucho menos, para el trasiego habitual de mis veinte años. Un cosaco ruso hubiera parecido un niño de teta a mi lado, pero cuarenta años son el doble que los de la canción, y eso, sí es mucho. En resumidas cuentas (uno más uno es la menor que recuerdo) que los años no perdonan. ¡Qué rencorosos son los años! Y el cuerpo no olvida que están ahí, asomando bajo la manga de la bata de casa, en la dentadura adulterada, en el hombro fastidiado, o en cualquier achaque (que no escusa) para decirte que estás viejo. Este año se presenta convulso, ajetreado con esas recomendaciones de distanciamiento social (a mí me lo van a decir, que llevo una buena temporada huyendo de mis semejantes), de precauciones sanitarias por un virus coronado como Juan Carlos I, de evitar los azúcares del turrón por aquello de la diabetes diagnosticada, de no abusar de las carnes rojas (en mi caso no hay problema, no me gustan los comunistas), de los refrescos, de la calefacción (más que nada por el precio de la luz) y de todo aquello que pueda suponer un deterioro del medio ambiente. Pero, ¿No habíamos quedado que la fiesta es diversión? Pues lo mimo me hago mayor, pero en mis tiempos, lo primero que preguntabas era como estaba el ambiente, y si este estaba a medias, pues como que no era lo mismo que hubiera un buen ambiente. En fin, que para desearos unas Felices Navidades y un Prospero Año Nuevo, no hace falta tanta disertación sobre lo que nos deparará el futuro. Ese que se asoma de puntillas, a escondidas, como una vieja del visillo tras las cortinas de una ventana indiscreta de Hitchcock y esperando para darnos la sorpresa de su buenaventura. Que la paz y la armonía que sea con vosotros, y que el amor y la salud concierten una cita con vuestras vidas.
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