CE día de fiesta
Hoy se conmemora el día de la Constitución. De entrada, no considero que tal efeméride deba ser festivo, y menos tan cerca de otra festividad. No es un texto que me vuelva loco, pero no dejo de reconocer que su voluntad está por encima de aquellas que la crearon, y eso en estos tiempos que corren, supone un alivio. Algunos se quejan de que está encorsetada y obsoleta. De no ser así, de no haberse blindado su enmienda, hoy cualquier fanático iluminado podría dinamitarla; como se hace con las leyes de educación, que no hay manera de consensuar algo decente, o como el derecho a la huelga, que sigue a la espera de que alguien desarrolle una ley que la regule. La CE tiene defectos, pero nadie puede discutir que es avanzada, solidaria, pertinente y saludable socialmente. Desarrolla unos derechos llamados fundamentales, que muchos quisieran para sí, y otros quisieran borrarlos de un plumazo. Habla de igualdad bien entendida, de justicia solidaria, de sueños y proyectos realizables, de concordia, de paz, de integración. No es maniquea como la quisieran algunos, y huye de pretensiones grandilocuentes centrándose en la realidad cotidiana del individuo. Vale, puede resultar utópica en algunos apartados, pero para eso ha creado a los partidos políticos, sindicatos y todos aquellos actores que deben hacer posible ese sueño.
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