Refrendos
El resultado del referéndum escoces no me preocupaba, al fin y al cabo el wiski que yo bebo se fabrica en Segovia. Los referéndums en realidad no sirven para nada, el último que recuerdo que tuvimos fue sobre la OTAN, y el resultado ya estaba previsto por González. Cataluña, o mejor dicho los políticos catalanes, quieren votar sobre la independencia, separarse de España pero sin desligarse. Los vascos andan por algo parecido, y el Betis es de Sevilla, por mucho que nos repela que el otro equipo de la ciudad lleve ese nombre.
Votar parece la panacea, el perdón de los pecados y la vida eterna, votar supone la culminación de nuestros derechos, el cumplimiento de la voluntad popular. El gobierno no cesa de entrar al trapo del nacionalismo, les amenaza que bajara su PIB, que los echaran de Europa. Eso de Europa unida es un camelo, la UE tardaría quince minutos en reconocer al estado catalán, y veinte en admitirlo como socio. Los españoles cada vez somos más parecidos al resto del mundo, si hay que matarse, pues nos matamos, aunque todo sea por no perder el compás de un mundo idiotizado, mangoneado por cuatro golfos que se hace ricos a costa de la estulticia general.
Si de mí dependiera, todo aquel que es aficionado a los experimentos más allá de los que se puedan realizar con gaseosa, sin haber obtenido título alguno que le habilite para ello, sería despedido, cesado y procesado por intrusismo, por imbécil y por peligroso.
/image%2F0222611%2F20220227%2Fob_d4939f_img-20161226-wa0026.jpg)