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Escuelas

por el príncipe de las mareas

~~ Enfrentados de nuevo ante otra cohorte de profesores que recordaban a los que se llevaron a Francisco cuando perdió el equilibrio mental, no por otra causa que la de ir “embatados” en blanco. Estos llegaban, se sentaban y se ensañaban con las listas de espera, aunque eran las mismas que se confeccionaban por orden alfabético, estas presentaban la cualidad de ser abiertas para que te desesperaras en la espera de oír tu nombre repetido por el inquisidor de turno, utilizada para sortear quien sería el agraciado con el premio de la pregunta. ¿Qué pregunta? Pues está claro, una relacionada con el tema que se suponía que habías estudiado el día anterior. - Ah ¿Pero de eso se trataba, de estudiar para que estos señores te preguntaran? - A mí que me preguntas, si tú que estas para enseñarme no lo sabes, imagínate yo. En fin que no parece que esto del instituto tenga mucha razón de ser. En nuestra antigua escuela aprendíamos lo que nos enseñaban, y si no, te enseñaban la palmeta para que aprendieras. Pero ahora resulta que estos señores con su bata blanca, además de superar a los antiguos en número, saben menos que nosotros. Pues no lo entiendo, que me lo expliquen. Recorrí varios de estos centros deshumanizados, conseguí no pasar más de un curso en cada uno de ellos, y la cosa no siguió adelante, por que ya metido en una edad tan temeraria para la culminación de algo provechoso en esto de los estudios, cambié de estrategia de cara al futuro laboral que me aguardaba consultando el reloj y dando golpecitos con el pie en el suelo. No fueron experiencias desaprovechadas del todo pese a los inconvenientes ya citados, o a mi falta de interés por los estudios. Ojo, no hacia el conocimiento, que eso siempre me ha llamado la atención debido quizás a la carencia de éste que alguna vez se me ha achacado. El saber me gustaba, el aprender lo no sabido también, pero eso de tener que estudiar para saber, ya era harina de otro costal que no acarrearía el burro en sus lomos ni yo en los míos. Por qué razón las técnicas de enseñanza son tan asfixiantes, tan poco atractivas y onerosa su carga, no hay alguna solución para que el estudio sea llevado como una diversión en el aprendizaje sin amenazas más o menos intencionadas y pruebas desquiciantes en cada tramo lectivo. Por qué las materias tienen que ser aprendidas de unos textos escritos por unos señores o señoras aburridos, robotizados, insufribles. Hay textos que parece que quisieran pasar por alto todo lo interesante para centrarse en una sarta de estupideces, que no tendrán valor alguno una vez finalizados esos estudios que te has propuesto llevar como si de la cruz se tratara. Acaso en la asignatura de historia por poner un ejemplo, ¿prevalecerán las tendencias sexuales de ese emperador, general o político sobre su capacidad para gobernar o para prestarse a la batalla? ¿Es más importante la ideología política de un autor determinado, que su obra en si? ¿Nos importa mucho, si los grandes pintores, escultores o arquitectos iban a misa o visitaban las mezquitas? Modestamente pienso que tanto en la enseñanza como en el aprendizaje lo importante es lo que se transmita, como se transmita y de qué manera se reciban esas señales. Creo sinceramente que habría que huir de lo fútil, de las arbitrariedades de los que conforman ese conglomerado de editores, profesores y todo aquel que está relacionado directamente con lo que llega al alumno. ¡Céntrense en lo útil, lo bello, lo razonable, lo pedagógico! En lo que realmente forme a nuestros hijos de manera tal, que puedan afrontar un futuro incierto pero plagado de oportunidades de hacernos mejores de lo que tristemente somos.

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