La Europa de los mercaderes
~~ Europa era esa entelequia que imaginamos como panacea, pócima paradójica de males propios y remiendos caseros. Durante décadas supuso el sueño de los hispanos que asomados al balcón pirenaico, soñábamos con un mundo de ilusiones atisbado en el cine de Perpiñán. La vieja guardia pretoriana de las libertades se ceñía la corona laureada de los triunfos ciudadanos, la gloria mundana al alcance de la mano, apenas un par de pasos más allá de la muga. Aquí la férrea disciplina tal vez añorada por algunos, se aprestaba a ceder lo que durante tres décadas se nos prohibió, se abrían nuevos horizontes allende esos cines afrancesados que miraban de reojo al teutón ahora hermanado. Caían las hojas de la dictadura en un otoño primaveral que dejando atrás las consignas de El corte inglés, se aprestaba a mostrarnos el camino de vuelta de esa Europa que cobijó a los huidos por motivos políticos, y a los exiliados por cuestiones de hambruna. Europa se abría de par en par a todos los hijos, legítimos y legitimados. Durante otras tres décadas nos sentimos parte de esa gran familia de 12 hermanos que ampliaba la concepción hasta extremos tan insospechados como al propio Putin le hubiera podido sugerir tal despropósito de aceptar pulpo como animal de compañía o Azerbaiyán dentro de las fronteras de la Unión. Todo se desandará, el tiempo pondrá a cada uno en su sitio más pronto que tarde. Hoy la desafectación por aquel proyecto de hermandad se ha venido abajo como un castillo de naipes. El parto constitucional europeo no se produjo, los adelantados a Gallardón lo abortaron antes de que la Comisión pudiera darle las primeras palmadas en las nalgas. Ese fue el inicio de su final, ahí comenzó a fraguarse la idea de esa posibilidad de derribar una Europa mastodóntica, ese babel de intereses encontrados, y desencuentros nacionales. Ya nadie cree en ese sucedáneo de constitución llamado Tratado de Lisboa, ya nadie acepta imposiciones feudales con derecho de pernada incluida, bueno España sí, nosotros sí asumimos ese papel de siervos de la gleba que nos han impuesto desde el Rin. El domingo se vota en Europa, se ofertan más de 700 vacantes para los aspirantes al maná de la desvergüenza y los euros. Ese día los españoles deberemos elegir si aceptamos el supuesto machismo de Cañete, o la inferioridad manifiesta de Valenciano. Ardua decisión, difícil papeleta a introducir en una urna; optar por uno o por otra, o accionar el derecho a la pataleta y mandarlos a freír espárragos a los dos y quedarnos en casa esperando a ver si escampa. Personalmente llevaré mi paraguas por si acaso, cogeré una papeleta y la ofreceré cual sacrificio incruento al presidente de la mesa electoral. Cuando éste la deposite al grito de “vota”, procuraré no escuchar su carcajada estentórea que hará volverse, hasta al policía nacional que custodia el colegio.
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