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El festival de Eurovisión

por el príncipe de las mareas

~~ El festival de Eurovisión ya se sabe que es un circo de tres pistas, una carpa bien decorada donde se cobijan desde el payaso más patético hasta el domador más temerario. Este año no iba a ser una excepción, así que una vez abonada la entrada a ese mundo de fantasía, sabíamos a lo que nos exponíamos, no había lugar a lamentos por no proveerse de protector solar, o no haber previsto un paraguas por si la tormenta descargaba con fuerza atronadora. Este evento televisivo tiene varias lecturas, dependiendo de las gafas que se porten en el momento de acomodarse en el sofá. Una es quizá las más rotunda, que parece el programa la que se avecina, donde el pescadero del segundo vota al concejal del primero, y la alcahueta del tercero vota a la cursi del ático. Se trata de eso, de arropar en la caída al vecino geográfico, al afín en los ancestros. Luego viene la parte política, ese desenmascaramiento de la hermandad del santo oficio, donde lo mismo se quema en la pira de la indiferencia como hizo Portugal, o se humilla con el voto raquítico y punzante de Alemania. Tras la legítima, que Albania nos concedió junto con el de mejora, tenemos el de libre disposición, ese que cada nación soberana otorga como mejor le viene en gana. A veces se hace con éste, el payaso como Francia anoche, o el chikilicuatre, en su día postulante del sombrío humor austriaco, pero representación de España. Otras se lo lleva la nostalgia portuguesa en un simulacro de fado adormecido, o las magras carnes de la rubia de turno en una lucha encarnizada con el desheredado de familia venida a menos. En este circo mediático cuyo público traspasa fronteras, cabe cualquier cosa, hasta que un personaje hibridado entre los dos sexos que hasta ahora componían la humanidad se lleve el gato al agua. Muchos se habrán indignado, otros habrán catalogado a los anteriores como homófobos, o recalcitrantes intolerantes que aspiran a un nazismo renovado. Sea como fuere, el caso es que el esperpento eurovisivo sigue aportando algunas muestras de calidad musical como Holanda, España o Suecia en esta edición. Este festival pasará como el que hizo acopio del refranero español para deleitarnos con su sapiencia tan certera. Así, emulando esa antología de moralejas disciplinadas, no me queda otra que decir: “Cuando las barbas de tu vecino veas ganar, echa las tuyas a remojar”

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