El vecino
~~ Como ha cambiado la figura del vecino, lejos quedan aquellas situaciones donde la vecina levantaba la tapa de la olla de tu madre para ver que guisaba, le echaba un ojo a los niños cuando la madre se ausentaba a hacer los mandados, o le echaba un puñado de arroz de más porque tu hermana no quería comer los fideos que había cocinado tu madre. ¿Dónde está ese vecino que te ayudaba a arreglar la persiana del salón rota una y otra vez hasta que la cambiabas por una de aluminio? Aquel que te contaba todos los chismes acaecidos en la comunidad, desde la separación de la del 4º, el hijo descarriado del 6º, o el aborto espontáneo de la del entresuelo. Ahora la cosa es distinta, la del 4º tiene una hija que se pasa el día con la música a todo volumen, esa música machacona, estridente y en bucle que taladra el cerebro. El del 6º no deja de hacer obras en su casa, todo el día con la radial, el taladro o el martillo, para deleite de los que tienen que soportar su campo de batalla como techo propio. Antes salías de casa y el vecino te obsequiaba con una sonrisa sincera, unos tomates de su huerto o te advertía de que tuvieras cuidado con el nuevo –era sospechoso de tener un pasado oculto-. Ahora, parece que está esperando agazapado a oír tus pasos para quitarte el ascensor. El vecino en muchas ocasiones suplía la ausencia de la familia, te aconsejaba, te echaba una mano, y siempre tenía su puerta abierta para lo que precisaras. Ahora, los vecinos son como una plaga, son demasiados, molestos y difíciles de erradicar.
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