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ETA nos confunde

por el príncipe de las mareas

~~ Los españoles somos un pueblo olvidadizo, no recordamos nuestra historia presente, aunque si somos aficionados a traer al momento historias añejas, que no aportan nada a la convivencia. Pronto dejamos atrás episodios tan deleznables como el terrorismo de ETA, de hecho, estamos dispuestos a pasar página de una manera ignominiosa de esas cuatro décadas escritas con sangre inocente. Hoy el baile de sentimientos encontrados se abre con una nueva puesta en escena de la insolencia más abyecta. Convocan una manifestación para exigir una vez más la humillación de todo el que se ha visto involucrado en sus actuaciones asesinas. Hace unos días se refocilaron en una reunión, que a muchos ha confundido, y a otros ha entusiasmado. La actitud judicial no es siempre la más oportuna ante los embates de éstos depredadores sociales, pero no podemos pretender que los sentimientos se judialicen. La justicia está para garantizar el libre desarrollo de las libertades, y por desgracia, de libertad gozan hasta los que no la merecen. Son cosas del Estado de Derecho, si bien, esa denominación vaya quedando cada vez más alejada de lo que aquí venimos construyendo días tras día. ETA no es una persona jurídica que albergue derechos y obligaciones, ETA es un entramado criminal, proscrito y por tanto carente de cualquier estímulo emocional, jurídico o social. No les importan las reglas del juego, no las respetan y por tanto quedan excluidos de los derechos a los que somos acreedores los que estamos dentro de la ley. No voy a negar que “las personas” que lo componen, sí poseen estatuto jurídico, sí albergan derechos personales de los que no se les puede privar, pero solo a nivel personal, nunca como colectivo. Así, se debe respetar su vida –aunque ellos no lo hagan con la de los demás-, no se les puede violentar ni en lo físico ni en lo psíquico, quedan protegidos bajo el paraguas de los Derechos humanos. Pero, pretender hacer extensible esos derechos personales al colectivo, resulta cuando menos esperpéntico. ETA debe ser erradicada de la sociedad, debe ser castigada con todo el rigor que las leyes prescriben. No podemos caer en la torpe tentación del olvido, no podemos permitirnos que algo tan ominoso, mantenga siquiera una imagen, una idea, un recuerdo de un pasado que por fuerza siempre fue peor.

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