Un dia como otro cualquiera
~~ No recuerdo cuando se fraguó la idea de festejar la Constitución, tal vez hubiera aceptado que se le conmemorara sin más, pero eso de considerar festivo el día en el que fue aprobada por los que no aspiramos a sus dictados, va un trecho. La carta magna no deja de ser un panfleto reivindicativo con algunos buenos propósitos, y mucha falacia enmascarada en sus renglones torcidos. Al salir de un régimen dictatorial, y embarcarnos en otro, en apariencia democrático, resultaba pertinente dotarse de unas normas que confraternizaran con la realidad que se nos venía encima, hasta ahí todo normal. Lo que ya no resulta tan simple es que esos 169 artículos se hayan forjado sobre un propósito prioritario, la creación de empleo para aquellos que se veían abocados al paro al volver de su exilio. No, no pretendo demonizar la constitución, de hecho, considero que aplicada correctamente hubiera servido para algo más que para dividir a los españoles. Su redacción está plagada de buenas intenciones, pero me da, que esos buenos propósitos no eran y son, más que un escaparate literario donde cuando traspasas sus puertas, no tienen el producto ofertado, al menos no disponible para cualquiera. Los constitucionalistas van más allá de las meras palabras, dicen que no hay que interpretarla al pie de la letra, que no todo su articulado es una redacción pura de los derechos allí ofertados. Así, no podemos pretender que por el hecho de que se recoja el derecho al trabajo, sea de obligado cumplimiento para las administraciones públicas, el conseguir erradicar el paro. Este derecho al igual que otros, son meras propuestas, principios rectores, que no derechos fundamentales como nos creemos los que la leemos sin entrar a discernir sobre lo allí escrito. Así podríamos concluir que su articulado debe interpretarse con el añadido que se omite en su redacción, pero que no deja de ser el complemento básico para su ejecución: Todos tienen derecho a una vivienda digna… Si puede pagársela; todos tienen derecho al trabajo… Si lo encuentra, etc. La constitución no debe considerarse una panacea, un salvoconducto para viajar por los vericuetos de la democracia, ésta no es más que un resguardo de haber entregado una soberanía, un depósito de derechos que deben ser custodiados con la diligencia debida por aquellos que se han erigido en guardadores de la misma.
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