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Demos cracias

por el príncipe de las mareas

El derecho a decidir que tanto enarbolan los catalanes independentistas, no es más que una burda estratagema antijurídica. Nadie se plantea que se consulte sobre la ubicación de los radares, los gobiernos no piden la opinión del ciudadano para verificar un Tratado internacional, no consultan al funcionario para congelarle el sueldo, ni nos llaman a las urnas para elevar el gasto público ¿Por qué iba a consultar o permitir que un gobierno autonómico lo haga en un asunto de secesión?

Se les llena la boca con la palabra democracia ¿Acaso conocen el significado de tal vocablo, sus orígenes? La democracia se inició en Atenas, y hubiera sido inconcebible que a Zapatero, Rajoy, Mas o Rubalcaba, se les hubiera permitido asomar las narices por el Ágora. Allí se reunían y discutían los asuntos importantes los notables, no estaba permitido el paso a los iletrados. Menudo papel hubieran desempeñado los citados en aquella democracia clásica. Ahora no hace falta dar la talla para dirigir, de hecho, parece que basta con tener muy poca vergüenza, carecer de dignidad, o al menos de la ética necesaria para erigirse en representantes de alguien, para acceder a los puestos de poder.

Yerran en sus planteamientos cuando preconizan la libertad para decidir sobre sus asuntos, no son sus asuntos cuando hablamos de decisiones que afectan a un colectivo mayor, su aldeanismo trasnochado no casa bien con un régimen moderno, donde hemos entregado a esos llamados representantes, nuestro poder de decisión. Esa delegación les confiere la legitimidad para legislar, pero no para saltarse las normas de obligado cumplimiento. Que se cambie la Constitución, gritan algunos ¿Por qué tú lo dices? ¿Porque a un porcentaje residual de españoles quieren cambiar las reglas del juego? Efectivamente hay democracia sobre el papel, de hecho si esos que reclaman reformar la CE quieren hacerlo, pueden, solo precisan convencer a las tres quintas partes del Congreso de los Diputados de que sus reivindicaciones son justas, sensatas y democráticas.

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