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El viejo rey

por el príncipe de las mareas

En la corte el rey un anciano ya, está pasando por su peor invierno, éste no por ser más crudo que otros, le está cobrando una factura que lleva un tiempo revoloteando por sus aposentos, en espera de hacerla efectiva en su persona. Los dolores que le acometen no son atajados por los médicos de la corte que se ven en la impotencia de frenarlos en su empuje, no consiguen restablecerle la salud a un viejo león que ha mantenido muchas batallas, tanto en los campos fuera y dentro de sus dominios como en las camas ajenas.

Su hijo el heredero, cuenta con unos treinta años de edad y lleva postrado en su cabecera tres días y dos noches. No es la devoción filial lo que lo mantiene sujeto a los pocos hilos que a su vez amarran a su padre a la vida que pugna por marchar, sino el pánico a que una vez estos se suelten, él será el encargado de llevar las riendas de un reino para el que no se encuentra capacitado de mantener sujeto en las condiciones que hasta ahora lo ha hecho su padre. No es ajeno a los susurros que despierta a su paso, es perfectamente consciente de que la jauría que le rodea lleva ya años esperando la caída del viejo león para disputarse a mordiscos los restos que aún permanecen intactos. Cuando pasea por los setos de juncos que bordean los jardines reales, es observado, acechado por miradas recatadas en la presencia, pero anhelantes en su figura. Teme que una vez pierda la seguridad que impone el viejo rey, sea presa fácil de un atentado contra su persona a manos de los mejor situados en la carrera por la sucesión. No han disimulado sus intenciones en estos días que parece van a ser decisivos en el desenlace de los acontecimientos venideros. El viejo en un momento de lucidez en sus sombras, le ha aconsejado que sea fuerte y rápido en las primeras decisiones que adopte como regente, no caben titubeos ni asomos de flaqueza ante los súbditos; o se mantiene firme en esos momentos de tránsito entre la coronación y la consolidación de su figura al frente del reino, o caerá despedazado a la primera oportunidad.

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