El asesinato diferido no es agradable
Está claro que las medidas económicas empleadas por el gobierno no funcionan; y no lo hacen por pura inercia. Una vez me enseñaron que donde se ganan 4, si te gastas 5, o te endeudas pidiendo prestado esa unidad que te falta, o directamente quiebras.
Si el Estado se gasta más de lo que ingresa, difícilmente puede mantener ese equilibrio sin recurrir al crédito. El crédito hay que pagarlo en unos plazos determinados, si no se hace así, se vuelven a refinanciar incrementando la deuda. Lo que viene siendo una huida hacia adelante pero sin llegar a ninguna parte; bueno sí, a la quiebra del sistema.
¿Por qué el Estado gasta más de lo que ingresa? Un simple desequilibrio presupuestario que no está dispuesto a corregir. Nos culpa a los ciudadanos, nos atribuye unos gastos en parte reales, y en gran medida falsos, para justificar ese desequilibrio. Pensiones, gastos sociales, subsidios de desempleo y todo aquello que revierte directamente sobre el administrado. Esta es la gran mentira, ahí radica la falacia institucional a la que nos quieren abocar.
Las pensiones no dejan de ser una remuneración diferida, un gasto amortizado por el receptor durante toda su vida laboral. Los gastos sociales los pagamos con creces con nuestros impuestos, y los subsidios de desempleo no son más que la aportación realizada por cada empleado durante la vigencia de su contrato laboral ¿Entonces por qué no le cuadran las cuentas? Sencillo, porque un nutrido grupo de españoles entre los que se cuenta la casta política y los grandes defraudadores, no producen nada, no aportan nada al erario público al no trabajar durante muchos años, o algunos, demasiados, nunca. Pero aun así, el país podría soportar esa rémora y salir adelante con el esfuerzo mayoritario de la población, pero ¿Entonces qué ocurre para no absorber ese lastre? La cuestión sigue siendo la misma, que esos que se han atribuido la potestad de regir nuestros destinos, han creído conveniente gastarse no ya las cinco de las cuatro ingresadas, además se empeñan en subir el techo del gasto público esquilmando las arcas, robando lo recaudado, dilapidando el sudor ajeno.
Esto tiene que reventar por algún lado, la situación presente y futura es insostenible, y los que deben corregir estas tendencias tan alarmantes no solo no hacen nada para remediarlo, sino que se empecinan en seguir gastando lo que no tenemos, aunque sea a base de robarnos el aliento, el alma o lo que sea necesario para mantenerse un día, un mes o diez años más en su limbo de opulencia.
En 1789 los franceses no desterraron a los borbones, acabaron con la corrupción que les asesinaba. Antes y después se han sucedido levantamientos contra el tirano, y hoy en día el tirano no es Rajoy, Rubalcaba o los sindicatos, hoy esa figura ominosa la representa el sistema, y el sistema no puede soportarse a sí mismo por mucho tiempo. Señores políticos no miren la hora por el meridiano de Greenwich, sean realistas y consulten el horario de Hades, que mucho me temo que tienen cita con él.
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