Andalucía es una tierra subsidiada, asediada y deseada. La evolución
Andalucía es una tierra subsidiada, asediada y deseada. La evolución acaecida desde los inicios de la democracia ha alcanzado una cota cero, un despegue que no ha conseguido superar el suelo. Un suelo agrario donde las malas jugadas de una climatología caprichosa, y las peores de unos tahúres de secano, han conseguido encerrar entre ceja y ceja de los andaluces, que la mejor solución para todos sus problemas no es otra que confiar ciegamente en la autoridad impuesta desde un gobierno donde se comparten cafés de despacho, o prebendas propias de un nepotismo no ya consentido, sino amparado.
Aquí nadie se pregunta si la autonomía va más allá de un concepto político, una manera de llamar al día a día del subsidio, y la dependencia absoluta. No es un concepto definitorio de libertad individual, ni falta que les hace. ¿Quien necesita cuestionarse si la informática va delante del empleo, si la educación es cosa de los padres, si acaso un beneficio empresarial estará sujeto a una gestión determinada, o si el sol sale por Antequera o amanece nublado? “Rien ne va plus” diría un crupier que vaya más allá de unas pocas palabras en francés; o como diría el personaje de Disney en la Bella y la bestia: “Madame la cena está servida”. Estos gráficos aunque peregrinos ejemplos, no son más que una concepción personal de cómo está montado el “chiringuito” en una tierra adormecida en brazos más vulgares que los de Morfeo. Quisiera cerrar mi disertación con otro ejemplo que no por cotidiano, deja de ser tan real como la vida misma. ¿O acaso la vida ha perdido su realidad aceptada y se ha transformado en una cometa al socaire de vientos maledicientes? Sea como fuere, no cerraré mi diatriba sin postular un mínimo de comprensión hacia mi elocuencia literaria, y ahí va mi último ejemplo anunciado ya ni me acuerdo cuando: Andalucía es para mí, como el que ya cumplidos los treinta años, aún permanece anclado en la casa paterna. La vieja cultura andalusí, se niega a dejar el rumbo marcado por espúreos y oscuros intereses.
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