Inmigración descontralada
Bien, hemos llegado al límite que una nación puede y debe aguantar. Los territorios, les guste o les pese a más de uno, se organizan y dividen geográfica y jurídicamente. Luego ya si quieren les ponemos conductas sociales, históricas o culturales, pero de entrada tiene fronteras que delimitan su integridad territorial. Una entidad estatal, no tiene, si así no lo quiere, porqué soportar el influjo, la invasión o la llegada masiva de personas ajenas a ese territorio. Este derecho se defiende con las leyes y hasta con las armas si fuera preciso. Una nación soberana debe ser respetada por el resto, y si sus propios dirigentes no lo hacen, mal lo llevamos de entrada. Basta ya de estúpidas consignas buenistas, de propaganda humanitaria ni música celestial. No estamos preparados para soportar esa inmigración, no podemos permitirnos esa solidaridad humanitaria que algunos preconizan. Predicar sin dar trigo es como hace el cuco, que mientras canta, otros les crían a sus hijos.
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