Luchad, luchad, malditos
Las cruces de mayo en las playas catalanas solo demuestran dos cosas: el grado de estupidez que puede alcanzar el género humano, y las ganas de liarla parda que tienen algunos. Que se sepa, en todo el siglo XX ni un dirigente mundial ha participado como combatiente en una guerra. Los líderes independentistas y los que se dicen constitucionalistas, enfrentan al pueblo, y éste cumpliendo fielmente su papel de masa aborregada, se enfrenta a sí mismo. Llegarán las agresiones tras los insultos, y se subirá un nivel el grado de conflicto hasta que se consiga lo que muchos anhelan: un muerto. A partir de ahí, que cada cual haga su propia cruzada, pero que sepan estos combatientes que las guerras siempre se cobran su tributo, y no suele salir barato precisamente.
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