Nos quitan el pellejo
Esta piel de toro ya no aguanta más remiendos. Curtida por avatares tan dispares como las luchas fratricidas, las endogamias sociales, o las herencias a beneficio de inventario, se nos muere sin remedio. Durante décadas, un trozo garañón y tozudo, ha pretendido escribir su historia con sangre, sangre de guardias civiles, policías, militares, ciudadanos que pasaban y se quedaban a mirar el cuadro allí recreado. Ahora, otra esquina quiere desgajarse, romperse por su cuenta sin pensar en los desgarros que dejará la cizalla sustituta de las tijeras quirúrgicas. No contentos con esto, la esquina que delimita la piel conocida, arde por sus cuatro costados, se le quema el corazón, los pulmones y hasta el alma.
Aventuras de reyezuelos, de advenedizos allegados al calor de una hoguera en una plaza del centro de este pellejo requemado, diecisiete marchamos de pez que horadan su superficie, y aventuras de piratas que se lucran por sus poros. Esta es la nueva España, un trozo de piel castigada en exceso para tan poco pecado.
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