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¿Nacionaqué?

por el príncipe de las mareas

Entiendo que cada cual se sienta de donde quiera, sea por nacimiento: el ius sanguinis, o por residencia: el ius soli. Me cuesta más entender sentirse donde te dicen que debes sentirte: el ius estulti. Las modas son pasajeras, las ideas efímeras y los ideales una utopía. Los errores y aciertos de las creencias vienen dados por el resultado del desarrollo que otros, han alcanzado en sus pretensiones. No soy dado a demonizar las tendencias de unos y de otros siempre que no me afecten, o al menos, no causen un daño tal vez irresoluble, tal vez de difícil reparación. Este barrio en el que me ha tocado vivir, este que cae al sur de Europa, posee unas peculiaridades que a más de uno dejaría si no estupefacto, al menos con un ataque de risa. Somos lo que la historia nos ha legado, no podemos sustraernos a nuestras raíces. A veces creo que Caín era español y Abel también, sin adopciones ni acogimientos, hermanos de sangre. Ya en tiempos de los romanos cuando las hispanas se sentaban a la puerta a tomar el fresco, discutían si la Tarraconense y la Bética eran seguidoras de Wamba, D. Rodrigo o Marco Tulio Cicerón. Numancia, Emérita augusta o Hispalis eran tan hispanas como Hipona era cartaginesa. Sin embargo Lusitania que también era hispana, parió a Viriato, que debió apellidarse Mas o Ibarretxe, o quién sabe si Zapatero.

Renunciar a la identidad es como perder el DNI y decir que uno es de Togo. La policía te lo renovará, pero nunca creerá que tu piel es negra.

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