Ciega memoria
~~Arriesgada tarea la de defender al sistema, fútil intento de congraciar al ciudadano con sus dirigentes. El mundo es una paradoja que no deja de evolucionar en la constante perpetuación de su incomprensión más absoluta. Las personas nos movemos inducidas por estímulos, reacciones involuntarias ante situaciones programadas. Los gobiernos en general se atribuyen la obligación de imponer sus dictados, se comprometen a cumplir una serie de medidas tendentes a condonar las necesidades de sus administrados, pero esto, no deja de ser una absoluta mentira. El gobernante hoy en día no rige los destinos de los que le han otorgado el cargo por la gracia divina, lo hace para devolver la soberanía a sus representados en forma de leyes, dictados de obligado cumplimiento que al ser asumidos por éstos, se coinviertan en la correa de transmisión que culmine con el bienestar general. El hombre no es bueno ni malo por naturaleza, no se trata de buscar unos ideales que realmente no se llevan en los genes, el hombre ni es lobo hobbesiano, ni el idiota que se dejó engañar por una serpiente que le ofreció una manzana; pero no por ello deja de tener sus miserias, y estas a veces se anteponen a cualquier atisbo de bondad. Es cierto que muchos se quejan, nos quejamos ante una situación que no nos retribuye lo que consideramos un derecho inherente al ser humano, pero cuando esos que ostentan el báculo que abre las aguas del Mar Rojo, las cierran ahogando a todo el que creía cruzar a salvo, ejercitan su ruindad de manera altamente miserable. No podemos consentir que un puñado de indolentes desprecien al resto, máxime, cuando aquellos ocupan unos cargos prestados, una especie de arrendamiento temporal en el cual, si no pagas la renta estipulada saldrán expulsados del Edén en el que se han instalado. Me da igual que hablemos de un negro emplazado en una casa blanca, una blanca en una casa rosada, un conductor de autobuses usurpando los asientos al resto del pasaje o un registrador de la propiedad ejerciendo su labor sobre los bolsillos ajenos. No se puede gobernar de espaldas a la realidad, y la realidad no es otra que la que cada cual vive, sufre, padece o capea como mejor puede. En este país que ni sus propios dirigentes se ponen de acuerdo en donde comienzan sus fronteras y donde terminan sus anhelos, no podemos consentir que una parte de la población pase hambre, y no podemos consentirlo no por un sentimiento de altruismo desenfocado, ni por unas líneas marcadas sobre un gráfico; simplemente no es de recibo que esos que ayer nos saludaban de camino al trabajo, hoy se vean desprotegidos por causa de la avaricia más abyecta, de la pésima gestión y la peor digestión, de unos desalmados que se han propuesto asesinar las esperanzas de muchos, y por otro lado promueven el nacimiento de seres deformes, inadaptados, incomprendidos e incomprensibles, porque sus ideas marchitas se tengan que imponer sobre la razón. Poca o nula memoria histórica albergan sus señorías, poco o nada recuerdan de lo que otros ya han vivido antes que ellos. Que sigan así, que continúen tensando la cuerda, que puede que a no tardar, esa misma soga termine por enredarse sobre sus cuellos y el cáñamo les marque las pautas a seguir; no a ellos que ya habrán perdido su oportunidad de rectificar, sino a los que les sigan tras el festín de dolor, muerte y desolación que ellos mismos han garantizado con su concepción de unos hechos, constatados en el pergamino de la vida.
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