Diálogo con rebeldes

Publicado en por el príncipe de las mareas

Hemos pasado del dialogo a la mediación. Dos conceptos aplicados al conflicto catalán, que no deja de ser un concepto. Los conceptos tienen la alegría de que cada cual los interpreta como mejor le viene en gana y, además, la RAE suele aplicar varias acepciones a muchos de ellos para que nadie se sienta aislado en su pensamiento. Dialogar está bien, siempre que haya alguien dispuesto a escuchar al que tiene algo que decirle. Digo decirle, no contarle, porque te pueden contar un cuento, y no estar dialogando en ese momento.

                Diálogo con golpistas, mediación con rebeldes. Me encantaría dialogar con Hacienda, o con la DGT, o muchos con sus patronos. Pero ¿Sobre qué? ¿Sobre mi pensión, sobre una multa, sobre una subida de sueldo o una rebaja en el horario laboral? ¿Buscamos un mediador para que interceda por nosotros y dicte un laudo de obligado cumplimiento? Porque si se trata de hablar y luego no vincula lo hablado, menuda pérdida de tiempo. La rebelión va más allá de la ley, de los sentimientos o las opiniones. La rebelión supone la negación absoluta al pacto establecido entre los pueblos, entre sus ciudadanos (recomiendo leer el Contrato Social de Rousseau). Si no somos capaces de aceptar nuestro pacto de convivencia, difícilmente podremos exigir el mínimo respeto a los demás.

                En mis años de vida he conocido dos intentonas golpistas; la primera se solventó en cuestión de horas, la segunda aún permanece enrocada, buscando una salida a un rey-peón que no acaba aceptar que el tablero solo tiene 64 escaques, y los 63 restantes están ocupados por ese contrato social

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