¡Nos vamos al carajo!

Publicado en por el príncipe de las mareas

Irse al carajo no es una definición concreta, si bien, puede entenderse que la cosa se va a pique. Parece ser que el carajo era una canastilla que se colocaba en lo más alto del palo mayor, y que allí no se estaba nada bien. España parece que se nos va al carajo sin remisión posible, es como si nos hubiera caído un maleficio y todos tuviéramos que confluir en esa canastilla, allá arriba, fuera del alcance del bienestar. Un partido de futbol, una manifestación reivindicativa, una procesión de Semana Santa, un concierto multitudinario, o cualquier evento donde se reúnan un grupo numeroso de personas, ya supone un caldo de cultivo para que proliferen los desgraciados que no saben vivir sin dar por culo. Anoche le tocó a la “madrugá” sevillana, donde un grupo reducido de imbéciles no tuvo mejor ocurrencia que sembrar el pánico entre los que disfrutaban con fervor o sin él, del paso de una cofradía. El Código penal castiga ciertas conductas por su peligrosidad potencial, o por la consumación de un hecho delictivo; pues bien, amén de las correspondientes sanciones a las que sean acreedores tales energúmenos, yo les condenaba a prestar el servicio militar obligatorio, variando la duración del mismo de la gravedad de sus actos.

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