Instrucción Ad resurgendum cum Christo,

Publicado en por el príncipe de las mareas

Instrucción Ad resurgendum cum Christo, acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación.
Así ha llamado la Iglesia a esta instrucción sobre el tratamiento que debemos dar a las cenizas de los muertos. Una vez leída ésta pragmática, me surge la vena argumentativa, y huyo de las explicaciones más o menos esotéricas, metafóricas e incongruentes sobre la inmortalidad que nos quieren contar. Si la que resucita es el alma, no ha lugar a especular sobre el cuerpo, y si como pretenden decirnos, también el cuerpo se ve afectado por esa continuidad discontinuidad en la resurrección, mal nos han explicado cómo se puede tener un cuerpo nuevo pero distinto. La cuestión radica en que el cuerpo del difunto puede verse afectado de cierta desconsideración por parte de los nietos, ya que a los hijos nos exime de tal menosprecio.
En resumen, que las cenizas del incinerado no gozarían del respeto debido, toda vez que podían ser vituperadas por el agua de los mares, el viento de la sierra o el barrendero de turno. La iglesia debería saber, que una persona cuando fallece, deja de ser persona, y pasa a convertirse en recuerdo. No pasa un día que no rememore a mis padres, y no por ello visito a menudo su tumba. Mi recuerdo, mi añoranza y mi pena por su ausencia no se ven empañados por que sus cuerpos se corrompan dentro de un nicho, o se hayan volatizado con la brisa; mi recuerdo perdura intacto porque eran personas a las que quería y a las que sigo evocando en su espíritu. Al fin y al cabo ¿la fe no va de eso, de creer sin ver, y aceptar sin tener?

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