Yo he venido a hablar de mi libro

Publicado en por el príncipe de las mareas

Como diría Paco Umbral: Yo he venido a hablar de mi libro. En realidad, mi libro no existe como tal, no es más que un proyecto, un alma que busca un cuerpo físico donde alojarse. El mundo editorial no está en consonancia con el pensamiento humano, no se arroga la obligación de cargar con los sueños de aquellos que leemos; mucho menos con las expectativas de los que escribimos. Esto es una realidad por mucho que nos duela. Se escribe mucho, se lee poco y se publica tal vez, sin concordancia con lo que se demanda. En realidad la gente no demanda explícitamente un género literario, no clama por una u otra historia. Simplemente se deja llevar por la marea del comentario ajeno. Cuando leí el “código da vinci”, comprobé que al igual que ocurre con los bares de moda, la gente te enriquece en dos días, o echas el cierre para siempre. El libro no es una obra de calidad ni mucho menos, pero no es menos cierto que sí distrae, sí evade de la realidad. Tal vez se trate de eso, de ahuyentar los fantasmas de un presente que no augura buenos pasajes en las líneas del futuro inmediato.

En lo que respecta a mi afición literaria, diré que como cualquiera que escribe, es porque antes ha leído mucho. Hay quien cree que para escribir se precisan conocimientos geográficos, gramaticales, narrativos o yo que sé cuanta formación académica. No lo creo así. García Márquez cometía faltas de ortografía, que yo sepa, nunca asistió a clases de escritura. Él simplemente creaba. Lo demás, el darle cuerpo al alma que desnudaba. Era cosa de otros, de esos que hoy en día solo apuestan por un nombre conocido. Gente de la farándula, gente sin la menor noción de unir dos palabras para que suenen a poesía, venden tantos libros como lo podrían hacer juntos todos los escritores anónimos del mundo. Para alguien al que le guste leer, esto supone una aberración, un insulto a la palabra.

Me han llegado a decir que tengo el estilo de mi admirado “gabo”, me han llegado a decir que me vendo muy bien; incluso que tengo talento para hacerme un hueco en esto de las letras. La realidad a veces es tozuda como una mula, tal vez por ello, en lugar de ver recompensadas mis expectativas, solo reciba una coz por parte de las editoriales. Bueno, no voy a frustrarme por ello, al fin y al cabo la frustración viene precedida de la incompetencia personal. Lo demás no son más que deseos no atendidos, y en mi caso, ya no tengo edad para depositar un diente bajo la almohada y recibir esa moneda que te ilumine la cara. En mi caso, las monedas las aporto yo y el que sonríe feliz, no es otro que el dentista.

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